Marcelo Berlato*

Cuando en el futuro los profesionales y ejecutivos repasen este momento que estamos transitando en la implementación de la Responsabilidad Social Empresaria como modelo definitivo de negocios, seguramente se preguntarán acerca del porqué en la demora y la divergencia de enfoques en este proceso, cuando a ellos les resulte inconcebible pensar la Gestión de otro modo.
Seguramente inferirán que estos procesos no fueron de asimilación inmediata y requirieron un aprendizaje particular; algo parecido a lo que nos ocurre a nosotros hoy, por ejemplo, en materia de Derechos Humanos. Lo que damos por naturalmente incorporado requirió que la Asamblea de Naciones Unidas en 1948 redactara y proclamara un documento declaratorio con su sustancia y que esto sirviera como directriz en esta materia.
Cuando pensemos en la Responsabilidad Social nos pase seguramente algo no muy diferente, contemplando la distancia del ejemplo. Sin embargo, quisiera que nos detengamos un momento a repasar de qué hablamos cuando hablamos de Responsabilidad Social y de la formación de Profesionales Socialmente Responsables.
Siempre que dicto una capacitación me gusta repasar el aspecto semántico del término Responsabilidad, que en Sociología, es el cumplimiento de la expectativa de rol. Esta definición nos obliga a pensar entonces en actores que deben hacer algo para alcanzar cierto estándar o hacer bien aquello que le es requerido. Así como esperamos de un médico que aplique tratamientos en la cura de una enfermedad; de las Universidades esperamos que formen profesionales solventes en su esfera profesional, con las competencias específicas propias y en función de la división social del conocimiento, como lo enuncian Peter Berger y Thomas Luckmann en La Construcción Social de la Realidad, donde somos inducidos a través de las socialización primaria y secundaria a una esfera particular en la cual desarrollare mi aporte. Cuando un profesional posé estas competencias específicas en su campo de acción decimos que hay Delegación por Autoridad, es decir, hay cumplimiento de la expectativa puesta sobre él.
De los profesionales egresados se espera entonces, que ejerzan su profesión aplicando adecuada y consecuentemente estos conocimientos adquiridos. De los dos –egresados y universidad- también se espera que cumplan su tarea con sentido ético y marcada integridad en el ejercicio de su profesión –utilizando el término en el sentido del que profesa: enseñar, ejercer, pero fundamentalmente creer aquello que se hace con un fin de mejora de la sociedad.
Sin embargo la realidad es que la ecuación únicamente queda completa cuando un tercer actor, la Empresa, se hace presente en su doble rol de creador de valor y de ciudadano corporativo; aportando al desarrollo de la sociedad pero también contratando y empleando egresados formados adecuadamente según este perfil. La integración de profesionales socialmente responsables a las compañías es un proceso lento tal vez, pero por fortuna, irreversible debido a que la movilidad laboral producida con la incorporación de egresados con estas nuevas competencias hará, más temprano que tarde, orientar los modelos de Gestión a la Sostenibilidad y a la Sustentabilidad, no como una moda, sino como el único modelo posible para la organización, sistema particular de cara a la sociedad pensada como macro sistema general.
La piedra angular que realimenta este circuito virtuoso es la Universidad, que debe velar por la formación integral de los educandos, proponiendo un desafío enorme desde lo curricular -¿Qué contenidos ofrecemos?- hasta lo procedimental -¿Cómo lo hacemos?- redefiniendo aspectos del contrato pedagógico que están dados por sentado y representan un cambio de paradigma, toda vez que necesitamos salvar la brecha de adaptar contenidos del siglo XXI en programas del siglo XX y en unidades académicas, muchas veces, del siglo XIX. Estarán de acuerdo conmigo que si hay un actor que ha dado muestras sobradas de reconversión y adaptación, ese actor es sin dudas, la academia. Y para esto quiero compartir un ejemplo de primera mano.
Cuando nos planteamos el cómo integrar la Responsabilidad Social en la currícula, la respuesta fue pensar el abordaje de temas altamente complejos –debido la cantidad de variables en juego- con propuestas sumamente simples. Desde la incorporación al material de cátedra de lecturas complementarias y obligatorias sobre estos temas hasta la ejecución práctica y concreta de procedimientos. En este caso, nuestros alumnos de la carrera en Ciencias de la Comunicación, que cursan su primera práctica profesional, confeccionan un Reporte de Sostenibilidad de acuerdo a los lineamientos GRI y Global Compact aplicados a una organización seleccionada por ellos en función de su modelo de operatoria, obteniendo los índices e indicadores que componen la Memoria y un plan de realimentación con rendición de cuentas a los Grupos de Interés detectados en el analisis.
Los resultados son excelentes, por la calidad de los productos presentados en fase preliminar y fundamentalmente por el grado de facilidad con el que los alumnos incorporan las nociones de Gestión Sostenible en una Empresa, y ejercicio profesional responsable, como paradigma de su perfil de egresado. Impresiona que cuanto más jóvenes y tempranamente se presente este tema, más fácilmente se asimila; inclusive en experiencias observadas con grupos de 16 a 18 años en escuela media.
La confiabilidad de nuestra experiencia se verifica en la comparación con un indicador externo que observamos como consultores y facilitadores de planes de mejora en empresas: se integra mucho más rápido y con mejores resultados en las Pymes con una estructura mucho menor, más pequeña pero también más dinámica, que en las grandes organizaciones con una inercia mucho más marcada.
Esta extrapolación parece señalar un camino claro: desacralizar y simplificar estos abordajes de la Responsabilidad Social Empresaria; haciendo que se rompa el halo mítico acerca de que no tiene efectos prácticos ó que se constituye como algo inasible y sólo aplicable a los monstruos corporativos con grandes presupuestos afectados a estas acciones.
Esto constituye el desafío que se debe encarar en conjunto desde las principales organizaciones propulsoras de la RSE, las Universidades y las Empresas, para evitar que se convierta en una moda, un lavado de cara o una declamación vacía, permitiendo el cambio de un modelo binario y contaduril de producción material y acumulación en las empresas, a uno integral donde se busque la reproducción del Capital Social, en los términos que lo plantea Bordieu como »…el agregado de los recursos reales o potenciales que están unidos a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de reconocimiento mutuo.» y acompaña la propuesta del Banco Mundial, donde »…el Capital Social excede como definición de aplicación exclusivamente asistencialista y busca en este sentido ubicar como actor principal al propio destinatario de estos beneficios».
Es preciso educar la demanda del mercado laboral hacia profesionales que integren estas competencias en forma adecuada y natural, haciendo que las nuevas incorporaciones generen cambios en los enfoques de Gestión y estos cambios demanden cada vez más profesionales formados adecuadamente, brindando estas experiencias ejemplos de aplicación que realimente el trabajo en las aulas y la adaptación de los programas académicos.
Únicamente el tiempo dirá como será el transitar de este camino y si los procedimientos que adelantamos en los claustros serán todo lo exitoso que esperamos y quedarán adoptados en forma definitiva o necesitaremos aumentar el nivel de cooperación entre las unidades académicas y las organizaciones.
Termino esta conversación con ustedes y me dirijo al aula lugar, en el que me esperan mis alumnos, futuros profesionales objeto y destinatarios de todos nuestros esfuerzos y donde siento una vez más que al interactuar con ellos, vuelvo al futuro.
*Licenciado en Relaciones Públicas, egresado de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y posgrado en Gestión Sostenible y RSE (UBA-FCE-RedUniRse). Actualmente conduce las investigaciones del Observatorio de Responsabilidad Social de la UdeMM donde es profesor de Teoría de la Opinión Pública. Con sólida experiencia práctica en el sector privado, público y no gubernamental como Consultor en Comunicaciones Integradas y RSE, es especialista certificado por el programa Valor AMIA-BID.

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