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Octubre 2011
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Una puesta en valor para la segunda década del siglo XXI

La sociedad comienza a pedirle a las empresas más responsabilidad que la económica y la reidentificación las coloca, al menos con una tríada: económica, social y ambiental. Al mismo tiempo los empresarios abrazan con efusividad el enunciado y comienza una carrera de concentración donde las empresas van por todo, no solo por lo económico sino también por lo político.

Héctor A. Larocca*

Tienen la palabra

La RSE ha llegado para quedarse…”simplemente porque ha ganado la batalla de las ideas” (The Economist). Con este enunciado, tan sencillo como elocuente, exponemos los aspectos más sustantivos acerca de la Responsabilidad Social Empresaria.

La Empresa es un fenómeno que ha adquirido una relevancia sustantiva, en los últimos 20 años. En realidad el fenómeno organizativo que se conoce como empresa surge como un producto de la revolución industrial (S XIX), es decir, el agrupamiento organizado de conocimientos, capital económico – financiero, tecnología, procesos y una estructura organizativa que haga posible transformaciones de materias primas en productos terminados útiles para el consumo (mercado).

Sin embargo esta descripción tradicional, que aún se mantiene con buena salud, se ha ido transformando hasta tomar las características actuales, que en muchos casos dista  de la descripción original. Si optamos por una retrospectiva de 20 años es porque a finales de los ’80 se producen en el campo de las ideas acontecimientos que influirán notablemente en la identidad de la empresa, redefiniéndola. Entre otros:

  1. La revolución conservadora: los gobiernos de Ronald Reagan y Margareth Thatcher pondrían en marcha el pensamiento conservador, ultraliberal en función política en EEUU e Inglaterra respectivamente.
  2. La caída del muro de Berlín: no representa solamente el aspecto físico de las fotografías sino el haber dado el brazo a torcer del estatismo originado en la revolución rusa de 1917. El capitalismo como sistema de ideas económicas queda identificado como “el pensamiento único” y desde la historia F.Fukuyama instala el “fin de la historia”.
  3. El consenso de Washington: este término fue acuñado por Williamson (1990) como una manera de codificar las políticas de liberalización económica promovidas por las instituciones financieras internacionales, como parte de su estrategia de reformas estructurales. Sin embargo, muy pronto su uso fue más allá de la lista e incluso de la intención del autor, para ser usado como un sinónimo de “neoliberalismo”.
  4. La revolución de las TIC’s: este combo fue suficiente como para haber dado lugar a la posmodernidad y el neoliberalismo. Por ese tiempo también un Premio Nóbel de Economía, Milton Fridman expresa “…la empresa debe dedicarse a ganar dinero, otros se deben ocupar de lo demás…”. Los empresarios abrazan con efusividad el enunciado y comienza una carrera de concentración, las empresas van por todo, no solo por lo económico (ganar dinero) sino también por lo político (ganar poder). Y este es el tema. A más poder, más responsabilidad. La sociedad comienza a pedirle a las empresas más responsabilidad que la económica y la reidentificación las coloca, al menos con una tríada de responsabilidades: económica, social y ambiental.
El poder de las corporaciones

La concentración, el tamaño, la múltiple localización, la polarización de la estrategia y la atomización de la operación, entre otros elementos a tener en cuenta, transforma a este fenómeno tal que domina el funcionamiento del planeta ejerciendo una decisiva influencia sobre la calidad de vida de las personas.

Héctor A. Larocca
“El mercado, espacio natural de las operaciones de la empresa desplaza al Estado... por lo cual este actor... es dueño y señor del devenir cotidiano de las decisiones de la gente... La empresa es una protagonista central de la crisis integral por la cual atraviesa el planeta al cierre de la primera década del siglo XXI”.

General Motors es más grande que Dinamarca, DaimlerChrysler es más grande que Polonia, la holandesa Shell es más grande que Venezuela; IBM es más grande que Singapur, Sony es más grande que Paquistán. En 1999 las ventas de cada una de las mayores corporaciones del mundo, son más grandes que el Producto Bruto Interno de 182 países; un estudio (Institute for Policy Studies, Sarah Anderson, John Cavanagh, citado por Volpentesta Jorge R. Gestión de la Responsabilidad Social Empresaria, Buyatti, 2009) muestra las siguientes conclusiones:

1º De las 1.000 economías más grandes del mundo, 51 son corporaciones; solo 49 son países (comparación entre ventas y PBI de cada país).

2º Las ventas de las 200 mayores corporaciones crecieron a una tasa más rápida que la de la actividad económica global.

3º Las ventas combinadas de las 200 mayores corporaciones son más grandes que las economías combinadas de todos los países del planeta menos los 10 más grandes.

4º Mientras que las ventas de las 200 mayores corporaciones representan el 27,5% de la actividad económica del mundo, emplean solamente el 0,78% de la mano de obra del mundo, 23.000.000 de personas.

5º Entre 1983 y 1999 los beneficios de las 200 mayores corporaciones crecieron el 362,4%, el número de personas empleadas creció el 14,4%.

6º El 5% de la mano de obra empleada por las 200 mayores corporaciones son empleados de Wal-Mart, gigante de la venta al por menor, que es el mayor empleador privado en el mundo con 1.140.000 trabajadores, mas que el doble de quien lo sucede, DaimlerChryler que emplea 466.938 personas.

De la concepción unidireccional, es decir que está para servir los intereses de los accionistas, propietarios, dueños, (shareholders) hacia una concepción multidimensional donde la empresa debe atender diversos intereses: el de los clientes, los empleados, los proveedores, el Estado y la sociedad en general, (stakeholders).

A estas consideraciones se agregan en los últimos veinte años una desvalorización del Estado como garante de la calidad de vida de la agente y asegurardor de la satisfacción de las necesidades básicas.

El mercado, espacio natural de las operaciones de la empresa desplaza al Estado (estado mínimo, estado subsidiario, “achicar el estado es agrandar la nación) por lo cual este actor –la empresa- es dueño y señor del devenir cotidiano de las decisiones de la gente influenciando sus comportamientos, administrando los presupuestos individuales, creando necesidades secundarias cuando aun no están resueltas las básicas. La empresa es una protagonista central de la crisis integral por la cual atraviesa el planeta al cierre de la primera década del siglo XXI.

Los casos más resonantes de quiebras  que se vienen sucediendo en la última década arrastran a todos los involucrados: accionistas, clientes, proveedores, personal, etc. sin límites geográficos, opera el efecto dominó.

Ello ha colocado a la empresa en el centro de atención de universidades, gobiernos, sociedad civil, la Iglesia y otras organizaciones reclamándole un comportamiento ético en varios aspectos, pues los cuestionamientos refieren a los perjuicios producidos por las decisiones de los que están llamados a dirigir y conducir: el management.

En este escenario la Responsabilidad Social toma un valor multiplicador y se transforma en el paradigma que está instalando la sociedad contemporánea.

Todos somos responsables

La demanda por responsabilidad social se extiende a todos los fenómenos organizativos: universidades, sindicatos, ONG’s, estado, etc. si bien este artículo refiere  a la especificidad de la empresa por su poder y capacidad de influencia sobre la sociedad.

La agenda básica que hoy se considera para que una empresa sea socialmente responsable, refiere al menos a estos cinco puntos:

  1. Buen trato con el personal
  2. Productos y servicios sanos y saludables
  3. Cuidado del medio ambiente
  4. Servir a la comunidad
  5. Involucramiento en causas de interés nacional

Detallaremos brevemente cada uno de estos puntos:

Buen trato con el personal

El punto de partida es reconsiderar qué es el trabajo, un “sacrificio” para proveerse de los bienes necesarios para vivir, o bien una expresión de las potencialidades humanas para que se desarrollen las capacidades y calificaciones. Hay consenso en la última interpretación, y es la empresa uno de los espacios para el desarrollo de esas capacidades, pues es el mayor empleador mundial. Ello implica reconsiderar aspectos que contempla la RSE, entre otros: conciliación (equilibrio) entre vida laboral y vida familiar, remuneraciones dignas, buen clima laboral, creación de oportunidades, expectativas de estabilidad y progreso que permitan al trabajador organizar su futuro, una brecha remunerativa con equidad, es decir minimizar la diferencia entre los que más y menos ganan, igualdad de género, no discriminación. A este conjunto hoy se lo denomina “trabajo decente” (OIT); todo por encima de las disposiciones legales, estas no alcanzan para la RSE, solo alcanzan para aumentar las ganancias: trabajo precario, trabajo infantil, contratos basura, tercerizaciones invisibles, trabajo en negro, etc.

Productos y servicios sanos y saludables

Hoy el mundo produce y distribuye millones de productos y servicios para abastecer las necesidades de la gente, básicas naturales, o secundarias artificiales. Zygmunt Bauman identifica a la sociedad contemporánea como una sociedad de consumidores, los productores son las empresas. Qué pide la RSE: que los procesos de diseño, investigación, producción en escala, comercialización y distribución posea características que cuiden el medio ambiente, que la información para su consumo sea transparente en calidad, cantidad y precio, que los resultados y efectos de su consumo no sean perjudiciales para la salud, que no exista “letra chica” en la información, que la docilidad del consumidor influido por la propaganda, la promoción, el benchmarking y la primacía del “tener” a expensas del “ser”; no deteriore su calidad de vida alterando las prioridades por las superficialidades.

Cuidado del medio ambiente

El tema ecológico “es el tema del siglo”, el planeta se está deteriorando aceleradamente y si bien es un tema de toda la sociedad, la empresa juega un rol sustantivo en sus responsabilidades inherentes al medio ambiente, tanto interno como externo.

En lo interno: la polución, los ruidos, la insalubridad y las enfermedades laborales están extendidas pues los procesos de desintegración empresaria (tercerización) desplazan procesos tradicionalmente internos, externalizándolos, y con ello acarrean también los aspectos medioambientales, hacia espacios que tienen invisibilidad.

La contaminación hacia fuera: derrames petroleros “accidentales”; en Argentina el caso del Riachuelo es emblemático con la evacuación de afluentes industriales por parte de las empresas contaminando el río por décadas.

Siguiendo al Premio Nóbel de Economía Amartya Sen “…hoy por hoy todos reconocemos los estragos que se están ocasionando a nuestro ambiente. De manera cotidiana ocasionamos daños a la capa de ozono, contribuimos al calentamiento global, contaminamos el aire y los ríos, destrozamos selvas y bosques, agotamos los recursos minerales, presionamos a numerosas especias hasta su extinción, así como aplicamos otras modalidades de devastación”. El actual interés por lograr la condición de “sustentable” surge de este reconocimiento. En 1987 encontró una marcada expresión la necesidad de una acción concertada en el manifiesto pionero “Nuestro Futuro Común”, preparado por la Comisión Brundtland. Definió como “sustentable” el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”. Este concepto de sustentabilidad estaría potenciando la RSE.

Servir a la comunidad

La sociedad es la que legitima la existencia de la empresa, otorgándole una licencia para operar, pues en ese espacio están los consumidores; además la empresa es en muchos casos el fenómeno más importante en una localidad pues origina y desarrolla urbanización. Argentina es un caso típico de empresas que provocaron el desarrollo local, (Sancor, Loma Negra, Siam, Ledesma, Flandria, La Serenísima, etc.) pues la comunidad existe por la existencia de la empresa, al ser concentradora de gente requiere de todos los servicios necesarios para vivir en comunidad: escuelas, hospitales, comisarías, intendencias, iglesias, clubes, transporte, esparcimiento, etc.

No puede por lo tanto limitarse a “cumplir con la ley” sino que también tiene obligaciones éticas – sociales de involucrarse y participar en la solución de los problemas locales, haciendo alianzas estratégicas con otros actores para contribuir efectivamente en las cuestiones comunes. El modelo es de win-win; ganar ganar, gana la empresa, gana la comunidad.

La empresa es un actor importante para pasar de la fragmentación a la cohesión social.

Involucramiento en causas de interés nacional

La sociedad contemporánea tiene instalados problemas graves que la están trasformando para peor…: droga, inseguridad, trata de personas, vivienda, corrupción, terrorismo, etc. Todos los indicadores sociales son dramáticos aún en los países desarrollados con altas tasas de deterioro para la gente, una crisis de valores se instala aceleradamente, a la par que la sociedad civil reacciona desafiando a las empresas y estados por una vida más digna.

Conclusiones

Estamos ante un cambio de época, el creciente impacto de las empresas en la sociedad del siglo XXI son múltiples y multidisciplinarios: económicos, porque la vida y el futuro de los ciudadanos dependen en gran medida de las decisiones de inversión, localización, relocalización y descolocación de las empresas en sus localidades y países; medioambientales, porque junto a la creciente sensibilidad medioambiental de los ciudadanos, crecen las exigencias ecológicas a los procesos productivos y a los productos de las empresas. La nueva cosmovisión de la empresa entiende que la sostenibilidad es competitiva; la empresa está comprendiendo que sus estrategias de competitividad en la globalización no pueden basarse en la devaluación del medio ambiente, ni en el maltrato laboral, ni en el incumplimiento de normativas internacionales en materia sindical o de derechos humanos, sino que, justamente al contrario es la superación de esos mínimos, en todos los planos, lo que incrementa su competitividad por el plus de excelencia  que incorpora en su personal, a su ambiente laboral, a sus productos y a su productividad, a su empatía social y, a su reputación corporativa. En definitiva, se trata de un cambio cultural significativo que requiere del esfuerzo de todos: la empresa, la universidad, los sindicatos, el estado y la sociedad civil organizada.

*Héctor A. Larocca, Contador Público FCE – UBA, 1966. Profesor Consulto de la Universidad de Buenos Aires. Director del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social de la FCE – UBA.

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