Hoy ya no se discute la responsabilidad que tienen las organizaciones empresariales en la generación de sociedades más prosperas, equitativas, democráticas y sostenibles. Hoy se discuten las motivaciones que inspiran estas organizaciones, los enfoques y métodosque aplican y los resultados de valor que entregan a los grupos de interés incluyendo, por supuesto, a la sociedad. El Grupo de Trabajo Responsabilidad Social y Combate de la Pobreza, de Brasil y RedEAmérica son excelentes ejemplo de cómo la unión hace la fuerza.
Hacerlo mejor, y con mejores resultados, es sin duda uno de estos desafíos. La inversión social privada que realizan debe producir retornos superiores al monto invertido, se debe distribuir a lo largo y a lo ancho de la sociedad, y debe atender fines públicos de beneficio colectivo. En esta medida, es cada vez más claro que las organizaciones que aportan voluntariamente recursos privados para fines públicos están llamadas a hacerlo con sentido estratégico, efectividad y transparencia, para garantizar resultados reales, transformaciones con valor para la sociedad, soluciones innovadoras, efectivas y sostenibles.
Una de las formas de lograr estos objetivos es a partir de la implementación de modelos asociativos conformados por los diferentes sectores de la sociedad. Tal es el caso del Grupo de Trabajo “Responsabilidad Social y Combate de la Pobreza”, una articulación que tiene como miembros al Instituto Ethos de Brasil, Fundación Banco Brasil, Fundación Avina, ICCO (Organización de Cooperación al Desarrollo - Holanda), UNISOL (Central de cooperativas y empresas autogestionarias con más de 700 asociados) y Red UNITRABALHO; y RedEAmérica, cuyo objetivo central es el aprendizaje e intercambio de experiencias, a partir de la cual sus miembros buscan construir de forma compartida principios de actuación y marcos de referencia para fortalecer la gestión autónoma y el protagonismo de las organizaciones de base.
“Quedó claro para la sociedad civil que no se puede cambiar una realidad social sólo a partir de la acción del Estado, por el contrario, se necesita la colaboración de todos los sectores. Por eso la pregunta que surgió fue ¿Es posible eliminar la pobreza en cooperación con la Responsabilidad Social Empresaria?, explica Francisco Carvalho Mazzeu, uno de los ideólogos de llevar a la práctica el Grupo de Trabajo Responsabilidad Social y Combate de la Pobreza. La experiencia de la alianza demostró que se puede. Aunque, como bien reconoce Mazzeu, el trabajo entre diferentes actores sólo es posible si se generan relaciones de confianza e instancias de diálogos permanentes. “Que se sentaran en una misma mesa empresarios y sindicalistas fue todo un logro, ahora, que hablaran el mismo idioma fue un logro mayor”.
Desde el Grupo aseguran que al hablar de pobreza hay que hablar de cambios del modelo económico, ya que no se puede esperar que el modelo que generó millones de excluidos sea el mismo que los saque de la crisis profunda en la que se encuentran. “Partimos de la base que para que se genere un cambio sustentable debemos fortalecer a las poblaciones para que ellas mismas sean agentes de cambio”, detalla este profesor universitario que coordinó el Grupo hasta mediados de 2010.
Por este motivo, buscan promover la reducción de la pobreza mediante actividades que generen renta, amplíen y fortalezcan los emprendimientos pequeños y/o comunitarios (producción comunitaria sostenible de productos y servicios). Asimismo, pretenden coordinar acciones de cooperación entre diferentes organizaciones, con vistas a la sostenibilidad económica, social y ambiental de las alianzas productivas formadas con empresas locales, creando vínculos sostenibles de negocios entre las organizaciones y la cadena de valor de las empresas que participan del proyecto.
Parten de la premisa de que si se quieren generar cambios concretos se tiene que tener la capacidad de financiar proyectos, por eso el papel que cumple el Banco del Brasil es fundamental. “Existe una decisión política de terminar con la pobreza y la desigualdad que vive Brasil, sobre todo en los estados del norte y noroeste”, enfatiza.
Al ingresar como miembros de RedEAmérica, tiene un costo de U$ 3.000 anuales, las organizaciones acceden a un conjunto de oportunidades y posibilidades tales como:
Un ejemplo de esto fue el trabajo que se realizó con los productores de miel, los cuales recibían muy poco dinero por su producción ya que la mayor ganancia quedaba en los intermediarios. El primero paso fue capacitar y formar a los apicultores al mismo tiempo que se generó una cooperativa que cumple el papel de organización social. Como la parte crítica era la producción el Banco del Brasil aportó U$ 1 millón para la construcción de una planta que les permitiera crecer en escala y refinar la materia prima ya que la calidad del producto no era satisfactoria. “No sólo lograron ser sustentables ya que venden su producción de manera directa, e, incluso, están exportando sino que también hubo un cambio en la realidad política de la región dado que no necesitan del asistencialismos de los políticos de turno. Ellos mismos son capaces de satisfacer sus propias necesidades al mismo tiempo que se ayudan entre sí”, detalla Mazzeu.
Otras de las áreas de acción que tomaron es la cadena de valor de las grandes compañías. Comenzaron con un programa piloto, en Aracaju, con los recolectores de residuos informales, ya que es una de las poblaciones más vulnerables y que, como explica Mazzeu, no hay empresa que no los tenga, de una u otra forma dentro de su cadena de valor. La iniciativa, que se implementará a gran escala a partir de 2011, gira en torno a las finanzas inclusivas, por este motivo, el Banco del Brasil generará una cartera de productos pensados y diseñados especialmente para este sector. A su vez, desde las universidades se los capacitará.
RedEAmérica fue creada en 2002 con 23 miembros, y reúne en la actualidad más de 60 fundaciones y empresas en 11 países de América que realizan inversión social privada en comunidades específicas para disminuir la pobreza. Parten de la premisa que la unión de capacidades, voluntades y compromisos tiene un impacto mayor que la acción individual. Por este motivo, una estrategia central de la Red es la concreción de alianzas de trabajo y cooperación entre sus miembros y entre otros actores que giren en torno a iniciativas concretas, orientadas a lograr el desarrollo de organizaciones de base.

Sus miembros actuales están agrupados por nodos nacionales compuestos por los miembros de cada país. El de Argentina está integrado por Fundación Arcor, Fundación Juan Minetti, Fundación Loma Negra, Fundación Telefónica, Fundación Estándar Bank y Shell CAPSA.
“Para muchos pertenecer a RedEAmérica significa hacer más y mejor lo que hacemos. Porque si bien es cierto que no es obligación del sector privado cuando tomas contacto con la problemática y ves cuál es el escenario te das cuenta que no podes dejar de comprometerte”, explica Claudio Giomi, gerente de Sustentabilidad Corporativo de Grupo Arcor.
En este camino de hacer más y mejor, el trabajo con los pares juega un papel esencial dado que brinda la posibilidad de aprender, compartir, generar. “Pertenecemos a organizaciones que estamos en el ámbito privado, que tenemos restricciones contextuales donde la inversión social no tiene que ver con nuestro core-business. Por eso la Red te ofrece potencialidad, experiencias, herramientas de gestión al mismo tiempo que te brinda flexibilidad de acción”, detalla Verónica Stanicia, gerente de Relaciones con la Comunidad de Shell Compañía de Petróleo S.A.
Cada Nodo tiene su propia dinámica y establece su agenda de trabajo, de acuerdo con el perfil de las organizaciones que lo componen. En el caso Argentino se conformó un grupo de trabajo que desarrollo un formato sobre educación y desarrollo de base (véase Acciones Educativas Locales (AEL)). A su vez, participa del Programa Por América: Fortalecimientos de las organizaciones de base para combatir la pobreza donde 30 fundaciones de 7 países capacitarán 750 organizaciones, cofinanciarán 80 proyectos y acompañarán el desarrollo de los mismos para consolidar un modelo de desarrollo de base centrado en el fortalecimiento organizacional y en la generación de ingresos, mediante alianzas entre organizaciones de base y organizaciones empresariales (véase Por América).

“El concepto de trabajar con organizaciones de base, y que ellas sean las protagonistas, es bien es fácil decirlo y es muy complejo llevado a la práctica”, reconoce Giomi. Por este motivo, desde el comienzo se dedicaron a crear herramientas que les permitieran generar y evaluar proyectos. “Como primer paso definimos que a partir de nuestra intervención queríamos lograr cuatro efectos: capacidades colectivas, capacidades de capital social, democracia y reducción de la pobreza. Y recién ahí establecimos los indicadores que se utilizaríamos”, explica Margareth Florez, directora Ejecutiva de RedEAmérica (véase “La situación de pobreza es una amenaza para la democracia en América Latina”). Para Corina Ferrer Minetti, secretaria General de Fundación Juan Minetti, el otro aporte significativo es que no sólo este sistema permite evaluar iniciativas sino también planificar y aprender. “En su elaboración participaron 45 técnicos y especialistas, de todos los países miembros, en temas de evaluación de proyecto, generación de proyecto, acompañamiento. Y para mí es una de las cosas más importantes que hemos logrado”, puntualiza.
Si bien el tema de medición de impacto se señala como fundamental e imprescindible, en el día a día no siempre se realiza. Según explica Sanchez, sólo el 40 por ciento de los miembros de la Red implementan sistemas de medición paralelamente a la implementación del programa, aunque reconoce que “todos miden algo”, por eso asegura que “es una realidad que debemos seguir trabajando”. El motivo de esta situación radica, para la Directora, que no se está formado dentro de esta cultura. “La evaluación se deja para el final y ese es el peor error que se pueda cometer. Creo, particularmente, que hasta que no seamos capaces de mostrar resultados de lo que hacemos no vamos hacer capaces de influenciar a otros, ya sean empresas, organizaciones o Gobiernos”. El desafío está planteado.
Mediante un aporte de la Fundación Interamericana, IAF, al Nodo Argentino, que decidió utilizar dichos recursos en cuatro proyectos ubicados en las ciudades de Rosario, Mendoza y en el Gran Buenos Aires. El foco de los proyectos son los niños, niñas y adolescentes, atendidos mediante el programa Acciones Educativas Locales, AEL.
El AEL tiene como objetivo central promover y fortalecer Espacios Articulados Locales en los que se construyen alianzas entre actores públicos y privados para mejorar las oportunidades socio-educativas locales de niños, niñas y adolescentes y construir espacios de concertación permanentes desde donde atender la infancia a nivel local.
El programa aborda la integralidad de los procesos educativos desde la noción de corresponsabilidad, lo que implica que la familia, la escuela y el contexto socio-cultural son las instancias fundamentales cuando se trata de desarrollar capacidades para la promoción del desarrollo integral y para la generación de oportunidades educativas para los niños.
El programa se adelanta desde la intervención comunitaria, ya que se entiende que las organizaciones de base poseen las potencialidades para determinar las necesidades, los recursos disponibles y favorecer la articulación entre actores. Las fundaciones del nodo, por su parte, prestan asistencia técnica, capacitación y financian los proyectos.
Para la evaluación y seguimiento de los proyectos se utilizan las herramientas de evaluación desarrolladas por RedEAmérica.
Proyectado a cinco años (2009 - 2013), busca mejorar las condiciones económicas de las familias de bajos ingresos de los países participantes. De la iniciativa participan los nodos de Argentina, Brasil, Guatemala, Colombia, Ecuador, México y Perú; los cuales cofinancian los proyectos y acompañan el desarrollo de los mismos.
Un total de 1.400 organizaciones de base serán convocadas a concursar por apoyo; 750 de ellas serán capacitadas en formulación de perfiles y posteriormente de proyectos, buenas prácticas de gestión y oportunidades comerciales. Entre las que formulen sus proyectos se escogerán los 80 proyectos que recibirán apoyo y financiación para fortalecimiento organizacional y generación de ingresos.
Estos proyectos serán cofinanciados por el BID, por las fundaciones y por las propias organizaciones de base, redes o alianzas de ellas que resulten beneficiadas. Los proyectos tendrán una duración de entre 8 y 24 meses y sus costos estarán entre los U$ 30.000 y los U$ 125.000.
La inversión total de la iniciativa es de U$ 8.403.970, de los cuales el aporte del BID a través del FOMIN, el Fondo Multilateral de Inversiones FOMIN, será de U$ 4.793.970 (57%) y el aporte local de las fundaciones, asociaciones e institutos empresariales y de las organizaciones de base participantes será de U$ 3.610.000 (43%).
El programa consta de tres componentes: el de Promoción del Programa y Capacitación de Organizaciones, el del Fondo concursable de apoyo a proyectos de Desarrollo de Base y el de Sistematización de lecciones aprendidas y aprendizaje organizacional - Difusión de resultados.

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