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Junio 2010
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Cambio climático: riesgo con oportunidad

La amenaza del impacto del cambio climático ha aumentado el calor en las empresas y los gobiernos. El escrutinio internacional de las emisiones de los gases efecto invernadero (GEI) ha abierto una verdadera caja de pandora de nuevas regulaciones federales, regionales, provinciales y estatales, modificando la manera en que las compañías supervisan, explican, reportan e incluso negocian sus emisiones y activos de carbono, y agendando el tema en primera prioridad para los ejecutivos y reguladores.

Cambio climáticoRecientemente, el informe “Climate Change Com­pass: The road to Copenhague” (La brújula del cambio climático: el camino a Copenhague) realizado por EIRIS, analizaba a las 300 mayores empresas del índice FTSE All World y concluía que más de un tercio no están en­frentando los riesgos vinculados al cambio climá­tico, aunque la calidad de la gestión ha mejorado. Progresamos, pero hay que hacerlo mucho más rápido. Entre las buenas noticias, destaca que el 99 por ciento de las compañías con un impacto alto o muy alto sobre el cambio climático ya ha adoptado com­promisos con respecto a éste (frente al 84 por ciento de 2008), y que tres de cada cuatro empresas han incluido en sus políticas referencias a los objetivos internacionales, las nuevas regulaciones o las re­clamaciones científicas.

Por otra parte, la séptima convocatoria mundial de Carbon Disclosure Project  (CDP), un estudio que analiza cómo evalúan las empresas los riesgos y oportunidades derivados del cambio climático y qué medidas toman para adaptarse a los mismos, ha batido su récord de participación con más de 1.800 empresas. En el contexto de crisis financiera mun­dial, la necesidad de una gestión de riesgos apta y transparencia en la información se afianzan como activos fundamentales a la hora de aportar valor a las compañías.

Otro de los informes elaborados por CDP, The carbon chasm (El abismo del carbono), realizado con datos de las 100 mayores empresas del mundo, destaca que muchas han permanecido a la espera de los resultados de la COP15 de Copenhague antes de fijarse objetivos de reducción de emisiones a largo plazo. Según el informe, el 73 por ciento de las empresas estudiadas se han fijado objetivos de reducción de emisiones, en la mayoría de los casos en función de factores empresariales: ahorro de costos, estímulo a la innovación, mayor eficiencia, preparación frente a futuras normativas, entre otros. En el 89 por ciento de los casos se trata de objetivos anuales, el 84 por ciento se ha fijado pla­nes hasta 2012, pero sólo cinco lo han hecho hasta 2020 y una para 2030. El estudio concluye afirmando que, para lograr una reducción global del 80 por ciento de las emisiones en 2050, las empresas deben lograr una del 3,9 por ciento  anual, mientras que por ahora sólo logran el 1,9 por ciento, con lo cual no se alcanzaría el recorte fijado hasta 39 años más tar­de de lo previsto.

De esta forma queda demostrado que el fenómeno del cambio climático y la consecuente necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a escala global, ha llevado a que las compañías estén cada vez más preocupadas en medir las emisiones de dichos gases (entre ellos, el CO2 como principal) de sus operaciones y productos. De esta manera ha surgido la tendencia mundial de generar y publicar carbon footprints.

El carbon footprint representa el total de emisiones GEI causados directa o indirectamente por un individuo, organización, evento o producto, que puede resultar en el posterior desarrollo de un programa de reducción de emisiones. La contabilización de las emisiones en el carbon footprint corresponde a todas aquellas generadas durante la cadena de valor de la producción de un producto resultante de un Análisis de Ciclo de Vida enfocado a las emisiones de gases de efecto invernadero.

Con ayuda externa

Para que las empresas puedan abordar estos y otros innumerables temas se fue desarrollando, en el último tiempo, una industria naciente de servicios de consultoría cuyo objetivo central es lograr que el concepto de Sustentabilidad y Cambio Climático sea incorporado como un modelo de gestión que le permita a la organización transitar con éxito la ruta de la sustentabilidad.

Cecilia Morando y Mariano Spitale,  seniors de la práctica de Sustainability de PricewaterhouseCoopers Argentina.
Cecilia Morando y Mariano Spitale, seniors de la práctica de Sustainability de PricewaterhouseCoopers Argentina.

Tanto consultores como empresarios aseguran que lograr que las distintas áreas interactúen y comprendan la importancia de trabajar de una manera articulada es el principal desafío a superar por parte de la industria local. Consientes de esta limitación, buscan asistencia externa para desarrollar un área o una actividad para la cual sienten que no cuentan con los conocimientos suficientes como para ser autosuficiente. “Dentro de lo que es desarrollo sostenible hay tres sectores que tienen mucho por crecer dentro de las organizaciones: las relacionadas a Responsabilidad Social (RS), a cambio climático y a nuevas técnicas de eficiencia energética, ecoeficiencia y/o análisis de ciclo de vida”, opina Cecilia Morando, senior de la práctica de Sustainability de PricewaterhouseCoopers Argentina, uno de los jugadores más fuertes en consultoría y auditoría a nivel mundial junto a Sustainability, BSI British Standards, Deloitte, KPMG, entre otras.

Desde la consultora cuentan con tres líneas principales de servicios profesionales desde las cuales ofrecen distintas soluciones entre las que se encuentra el diseño y desarrollo del proyectos para el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kyoto, la identificación de las fuentes de emisiones de GEI y el cálculo de la huella de carbono de productos y servicios.

El sistema de Ciclo de Vida que maneja Price permite establecer todos los consumos e emisiones de un producto o servicio desde el origen de sus insumos hasta la deposición final de sus residuos pasando por el uso que le dio el consumidor. Si bien el resultado al que se llegue dependerá de la buena base de información con la que se cuente, se pueden tomar decisiones como consumidor premiando o castigando o como regulador estableciendo límites para niveles tolerantes de emisiones, contaminaciones o consumo. “Básicamente se trata de un software que tiene una serie muy grande de matrices de lo que serían insumo/producto, específicos para los distintos tipos de industrias”, detalla Mariano Spitale, el representante de PricewaterhouseCoopers Argentina. El trabajo que realizan es adaptar esa metodología a la realidad de la compañía que los contrata, procesar la información y con los resultados establecer planes de acción en los aspectos que son mejorables tales como reducción de consumos, emisiones o incluso costos. “El problema que tenemos a nivel local es que el tema de ciclo de vida es incipiente y al no estar regulado no existe legislación que exija conocer determinados datos”, reconoce.

Un ejemplo de esto, fue el proceso que llevó adelante la compañía inglesa de snacks Walkers, del porfolio de PepsiCo, cuando, por presiones de sus grupos de interés, realizó un estudio para determinar por qué sus papas fritas sabor a queso y cebolla indicaban una huella de carbono de 75 gramos por cada 100 gramos de producto.

Como resultado del estudio que tuvo que llevar a cabo descubrió que los agricultores a los que compraba papas estaban hidratándolas de forma artificial para aumentar su peso. Para ello, las almacenaban en cámaras humidificadoras, que consumen grandes cantidades de energía, y emitían más CO2 del necesario. Del mismo modo, al verse posteriormente la compañía obligada a freírlas por más tiempo del habitual para eliminar la humedad, volvían a verse incrementadas la cantidad de energía consumida y las emisiones de CO2 en más de un 10 por ciento.

De este modo, al establecer la huella de carbono de sus productos, la firma fue capaz de eliminar procedimientos innecesarios y de reducirla hasta en un tercio. Los cambios que se llevaron a cabo en el tratamiento de la materia prima sumados a la implantación de un sistema de pago de primas a los agricultores por la producción de papas de bajo contenido hídrico llevó a Walkers a ahorrar 9.200 toneladas de emisiones de CO2 y 1,2 millones de libras esterlinas en un año.

Argentina aún no comenzó a transitar el camino de ciclo de vida. Para los especialistas se debe principalmente a que se conjugan dos factores decisivos: por un lado, no existe legislación que las obligue a demostrar la trazabilidad del producto o servicio que están ofreciendo, y por otro, la mayoría de las compañías ve la implementación de estos procesos como un gasto y no como una inversión. “Lo cierto es que el mundo avanza y es un realidad que para salir a competir afuera van a tener que demostrar el ciclo de vida de lo que están ofreciendo. Y estas son las reglas del juego”, sentencia Federico Moyano de director de Eco Securities Group Argentina, una de las compañías líderes en el negocio de originar, desarrollar y comercializar reducciones de emisiones.

El primer retail

Esto de que el mundo avanza bien lo entendió Walmart, al punto que anunció a nivel global, su meta de eliminar 20 millones de toneladas métricas de Gases de Efecto Invernadero de su cadena de abastecimiento global para fines del año 2015. Esta medida representa 1 y ½ veces el crecimiento estimado de la huella de carbono global que la compañía generaría en los próximos 5 años y equivale a retirar de las calles a más de 3.8 millones de automóviles al año.

“La eficiencia energética y la reducción de carbono son temas centrales del mundo hoy en día. Estamos trabajando para hacer una diferencia en estas áreas, tanto en nuestra propia huella como en la de nuestra cadena de abastecimiento. Estamos conscientes de que tenemos una oportunidad, la responsabilidad y la capacidad para hacer más”, señaló en su momento Mike Duke, presidente y Director General de Walmart Internacional.

Hernán  Carboni, director de Relaciones Institucionales de Walmart Argentina
Hernán Carboni, director de Relaciones Institucionales de Walmart Argentina

Según explican desde la compañía, la huella de la cadena de abastecimiento global de Walmart es mucho más grande que su huella directa, por lo que representa una oportunidad de mayor impacto para reducir emisiones. “Nosotros estamos permanentemente compartiendo prácticas con nuestros proveedores, por eso se trabaja en forma sinérgica con ellos”, explica Hernán Carboni, director de Relaciones Institucionales de Walmart Argentina y asegura que “cada vez más el término Compromiso con el Desarrollo Sustentable comienza a ser un componente de la relación comercial de la compañía y sus proveedores”.

Por este motivo, el gigante americano desarrolló una estrategia que maneja la cadena de suministros a escala global. Según explican, se trabaja con un equipo multiáreas donde están presentes el área Comercial, la cual tiene relación directa con el proveedor; el área de Desarrollo Sustentable, la cual cuenta con el conocimiento técnico; y el área de Relaciones Instituciones, encargada de la comunicar las distintas iniciativas que se generen.

Por su parte, Walmart Argentina se encuentra llevando adelante una serie de acciones gracias a las cuales ya ha logrado reducir en un 25% su emisión de gases de efecto invernadero mediante la construcción de 3 tiendas eco-eficientes -Chango Más Santa Rosa, Moreno y Almirante Brown- (véase Aprovechando los recursos).

Conjuntamente con estas acciones, también se brinda apoyo a diversas campañas de concientización, entre las que se encuentran, por ejemplo, la iniciativa conocida como El mes de la Tierra. “Fuimos la primer cadena en lanzar el mes de la tierra -explica Carboni- y esto significó que en sólo un año lográramos un crecimiento de un 25 por ciento y alcanzáramos los 500 productos que tienen algún componente amigable con el medio ambiente”. Según explica el representante, el cliente, sobre todo en Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires, está comenzando a tener un acto de compra responsable y premia con su elección a aquel producto que ha logrado disminuir sus emisiones GEI.

Punto de partida

Ahora, ¿Cuál es el principal motivo que las lleva a comenzar a transitar este camino? ¿Cómo se pueden poner en práctica temas relativos al cambio climático? ¿Cuál es la mejor estrategia que se puede tener a la hora de manejar los riesgos y aprovechar sus oportunidades? ¿Cuáles son las dificultades que se le presentan a una organización a la hora de realizar el inventario de emisiones GEI?

“Existen diversas motivaciones para que comiencen a transitar este camino, pero básicamente podemos hablar de un interés por el Medio Ambiente, al mismo tiempo que necesitan generar una herramienta de gestión y una herramienta de comunicación”, explica desde Chile, país que lidera junto a Brasil y México el desarrollo de proyectos MDL, Didier Vidal, responsable del Área Comercial Baja en CO2 de Green Solutions.

Según explican desde la Consultora chilena, en la actualidad una de las preocupaciones más grandes a nivel internacional es el Cambio Climático. Esta es una manera directa para ser parte de la solución y sumar a proveedores y clientes en esta causa. Por otra parte el concepto está muy ligado al buen uso de los recursos y energía, que es parte fundamental del desarrollo sustentable. Además es una herramienta de gestión, dado que está ligado al buen uso de los recursos y que mide todas las fuentes de emisión dentro de la cadena de suministro, se transforma en un apoyo en las medidas de mejora continua y en la reducción de costos. Y finalmente también es una herramienta de comunicación ya que se transforma en un elemento diferenciador que permite que el cliente pueda escoger entre un producto con cero impacto en el cambio climático y uno que genera impacto.

Federico Moyano, director de Eco Securities Group Argentina
Federico Moyano, director de Eco Securities Group Argentina

Al momento de analizar riesgos y aprovechar oportunidades se deben analizar estrategias de mitigación y/o adaptación al cambio climático. Desde el punto de vista privado, según coinciden los especialistas, son varias las líneas de acción que se pueden implementar, ya sean referidas a temas externos como a aspectos internos de la organización. Sin embargo, para poder trazar el camino a seguir será fundamental contar con información acerca de que sucederá con los cambios en el clima a largo plazo, por ejemplo el año 2050, o, incluso 2100, y relacionar cómo esos cambios afectarán al negocio. “La identificación de medidas de mitigación puede ser el comienzo de oportunidades y nuevos negocios dentro del mercado de carbono -explica Spitale-, es decir, implican un esfuerzo hacia la innovación de los procesos, productos y servicios de una organización. Y el Protocolo de Kyoto justamente premia este tipo de iniciativas”.

En cuanto a los aspectos que deben estar presentes a la hora de diagramar una estrategia, los especialistas concuerdan que se debe incorporar en el core business de la organización la componente financiera de carbono. “Se debe identificar cómo el negocio contribuye al cambio climático -detalla Morando-, para luego incorporar en la toma de decisiones los mecanismo de mercado e incentivos financieros que existen para reducirlas. Por eso resaltamos desde Price la importancia de internalizar la componente de carbono en el día a día del negocio”.

De esto último dependerá el éxito o el fracaso, y así como los buenos resultados están asociados a la incorporación del componente de carbono en el diseño de nuevos proyectos y en la modificación de los procesos existentes; el fracaso está estrechamente ligado a medidas cosméticas y frases declaratorias sin un sustento en el negocio.

Uno de los problemas que enfrentan las industrias locales a la hora de realizar el inventario de las emisiones GEI es la imposibilidad de asegurar que la información de base que nutre a su inventario es adecuadamente precisa. “Una vez identificada la metodología -las más reconocidas a nivel internacional son las GHG Protocol, desarrolladas por el Word Business Council for Sustainable Develpment y el Word Resources Institute- lo más dificultoso es el inventario de todas las fuentes de emisión, sobre todo si se trata de una empresa productiva con varias unidades de negocios”, explica el representante de Price.

Por este motivo, todos los especialistas concuerdan en que la capacitación del personal involucrado en el proceso es clave para que este no falle. “Sólo el entrenamiento en la metodología que se va a utilizar y en temas de cambio climático asegura que la información de base que nutre el inventario es adecuadamente precisa” asegura Moyano.

Asimismo, el trabajo con la cadena de valor no es algo sencillo. “En las PyMes nacionales el tema no existe -asegura Moyano-, salvo que estén exportando y el mercado donde venden les exija que midan la huella de carbono o reduzcan emisiones, como el caso de la industria vitivinícola”.

Con lo cual, el primer paso será identificar todos los procesos involucrados en el producto, desde la generación de las materias primas hasta la deposición final. Una vez completado este paso se deberán analizar las emisiones en cada uno de esos procesos unitarios.

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