El desarrollo de estrategias de RSE implementadas a través del trabajo voluntario implica un compromiso de las empresas con la comunidad y sólo aquellas que lo impulsen desde su política institucional le otorgaran un verdadero contenido al trabajo que se realice. Telefónica de Argentina y Zurich entendieron que su Voluntariado Corporativo debía partir de la unidad de los actores y contar con un modelo de gestión para perdurar en el tiempo.
Crear un programa, cualquiera sea, no es tarea sencilla. En el amplio campo de la Responsabilidad Social Empresaria (RSE) aquellas acciones que las compañías realizan, más allá de sus obligaciones y de lo que las leyes imponen, por mejorar las condiciones de la comunidad en la que están insertas, exigen la toma de decisiones muchas veces difíciles de asumir, sobre todo si se busca generar iniciativas que luego tengan sustentabilidad.
Si crear es un acto pleno de la voluntad, crear un programa de Voluntariado Corporativo (VC) es poner esa voluntad en manos de muchos, multiplicar esa visión por diez, por cien, por miles. El desarrollo de estrategias de RSE implementadas a través del trabajo voluntario implica un compromiso de las empresas con la comunidad en las que tienen intereses comerciales. Con lo cual, para que realmente se pueda hablar de Voluntariado Corporativo debemos partir de la unión de tres actores claves: la empresa como marco contenedor, como respaldo de confiabilidad y gestión; la comunidad como depositaria de las acciones sociales que al mismo tiempo la tienen como destinataria y protagonista; y los voluntarios empleados que desean dar algo más de sí, que desean intervenir para que algo cambie y que eligen este camino como posible, como real, como confiable.
Y si la teoría nos demuestra las características del VC, la práctica nos habla de sus posibilidades reales: movilizar sueños al encuentro de carencias, soluciones al encuentro de problemas, personas al encuentro de otras personas.
Sin embargo, para Ramón Jané, “lograr que los programas de Voluntariado Corporativo propicien los impactos y beneficios mencionados se debe contar, primero que nada, con el desarrollo de una política interna que los promueva desde los altos mandos hacia los empleados. Y, después, con una definición de objetivos de trabajo en función de las capacidades de la empresa y las necesidades de la comunidad en donde busca incidir”.

Telefónica de Argentina, Zurich y Manpower Argentina (véase Círculo perfecto) así lo entendieron y sumaron a su programa de voluntariado la capacitación permanente de sus integrantes, la difusión de las actividades realizadas como forma de contagio para otros empleados, el seguimiento de la intervención, la evaluación de los proyectos y el reconocimiento del rol y función del voluntariado.
“El programa Voluntarios Telefónica surgió a finales de la década del noventa a partir de la necesidad de la gente de ayudar en un momento de crisis -recuerda Daniel Brenann, responsable del Programa Voluntarios Telefónicas de Fundación Telefónica-, y coincidió con la decisión de la compañía de implementar un programa de voluntariado para fomentar la participación de los empleados del Grupo”.
Punto de partida
Desde un primer momento se establecieron los tres pilares fundamentales en los cuales se sustentaría: capacitación, formulación y ejecución de proyectos sociales y difusión y comunicación. Según explican en la compañía, capacitar al voluntario es fundamental y desde esa mirada el programa ha renovado su estructura haciendo foco en lo humano, en la medida de abrir un panorama que le de a la acción voluntaria un sentido más amplio que la simple donación de su tiempo y talento; y en lo técnico, en la medida de que la acción bien hecha sea nueva fuente de motivación y eficacia.
Asimismo, la capacitación tiene tres instancias: la presencial en Ciudad de Buenos Aires a cargo de la Universidad de San Martín -comprende 11 módulos, se dicta para 30 voluntarios, cinco de los cuales vienen del interior del país, cada quince días de 9 a 13. A partir del tercer módulo se los relaciona con la Organización de la Sociedad Civil (OSC) para que puedan formular un objetivo, realizar un diagnóstico y medir un impacto; la capacitación a distancia por medio de video conferencia -se desarrolla en 5 módulos de dos horas y se dicta a sólo cinco voluntarios por sala- y la tercera es la Guía de Bienvenida que se le da todo aquel que se inscribe que consta de seis fascículos que cuentan de qué se trata esta iniciativa.
El programa tiene áreas de actuación definidas -educación, discapacidad, salud, microemprendimientos, mejoras edilicias, recreación y deportes-, en el marco de los cuales los voluntarios formulan proyectos sociales que son presentados al comité evaluador a través del portal www.voluntariadocorp.org.ar para su futura evaluación. Asimismo este sitio es el instrumento elegido por el Grupo para comunicar todas las acciones que se llevan adelante como así también sirve de lugar de encuentro y de intercambio para los Voluntarios Telefónica de todo el país.

Cualquier iniciativa que sea sustentable, que deje una capacidad instalada y que al mismo tiempo le sea útil a la OSC puede ser aprobada y financiada por Fundación Telefónica. “Es la manera de salir del asistencialismo”, sentencia Brennan y agrega que además “es un factor clave para el éxito del programa, sobre todo cuando se hace foco en la sustentabilidad porque nos permite medir resultados de gestión y de impacto al mismo tiempo que nos permite ganar experiencia y, por ende, mejorar la detección de necesidades”.
Desde su puesta en práctica a principios de 2000 se han realizado 867 proyectos, los cuales involucraron a 853 organizaciones, tuvieron 148.368 beneficiarios directos y requirieron una inversión de 19.338 horas.
Ahora, ¿cualquier persona puede ser voluntario? Para Brennan sólo lo pueden ser aquellas personas que tienen la sensibilidad de preocuparse por el prójimo. “Esa es una de las característica que por naturaleza tiene un voluntario -opina-. Por más que vos lo formes, le des herramientas, si la persona no tiene ese don, no lo es. En el caso nuestro, el Grupo Telefónica tiene 16.000 empleados de los cuales 1.300 son voluntarios. Si es poco o mucho nadie lo puede decir, porque acá lo que importa no es la cantidad, sino el impacto que logras”.
Para Bernardo Kliksberg los voluntarios son una fuerza silenciosa que contribuye a salvar vidas en toda América Latina donde la exclusión y la pobreza afectan a más de la mitad de la población. “Las políticas públicas deben ser las principales responsables de asegurar a todos los derechos a salud, alimentación, educación, y trabajo, pero la acción voluntaria puede complementarlas y salvar sus vacíos”, explica a Visión Sustentable.
Unicef estima que en 2000, 10 millones de voluntarios vacunaron en el mundo a 55 millones de chicos. Su trabajo gratuito se calcula en 10 mil millones de dólares. En los países desarrollados producen el 5 por ciento o más del Producto Bruto Interno (PBI). En Noruega, el 80 por ciento de la población es voluntaria, en Israel, uno de los líderes mundiales, generaron en 2007 el 15 por ciento del PBI y algunas de sus exitosas experiencias como el programa de tutorías educativas de niños humildes por jóvenes universitarios se está replicando en Argentina, Chile y otros países.
La otra pregunta que surge es ¿qué impulsa a los voluntarios? Las encuestas indican que valores éticos, sociales y espirituales. Las civilizaciones indígenas, las gestas libertarias, y las inmigraciones que recibió América Latina fueron plenas en ellos. El voluntariado podría crecer mucho más en la región, según explican, si tuviera el firme apoyo de las políticas públicas y de toda la sociedad, y formará parte de la educación. Así, en Brasil, “Hacer Parte”, ONG premiada por la ONU, ha logrado integrarlo a miles de escuelas, que se distinguen por llevar el distintivo de escuelas voluntarias.
El poder de la transformación
Grupo Zurich Argentina basa su programa de Voluntariado Corporativo, VoluntarioZ (véase Abanico de acciones) en la alianza entre la vocación solidaria de su gente, el aporte que realiza la compañía -dinero, tiempo, dedicación, entre otros-, y la OSC con la que trabajan en conjunto en el marco de su política de RSE. “El objetivo central es desarrollar la vocación solidaria que de por si tienen las personas a partir de diferentes formatos y distintos niveles de participación”, explica Santiago Gallo, gerente de Relaciones Institucionales de Grupo Zurich.

Si bien VoluntarioZ comenzó a funcionar en 2001, dada la situación económica y social que vivía el país, a finales de 2007 se rediseño y se relanzó a partir de una crisis que llevó a que el programa tuviese una muy baja adhesión. La situación coincidió con una crisis organizacional donde la gente estaba preocupada por su fuente de trabajo a partir de cambios que hubo en la alta dirección.
Ante este escenario se decidió comenzar a trabajar con referentes del voluntariado a partir de focus groups con la idea de hacer una evaluación sobre los años transcurridos y determinar cuál sería la nueva forma de trabajo. Las conclusiones llevaron a que existía una necesidad concreta de que el tema se corporativizara quedando a cargo de la gestión y coordinación del programa el área de comunicaciones. “Antes la coordinación estaba en la gente y lo manejaban como podían de acuerdo al tiempo que tenía disponible. Ahora, trabajar en la coordinación de los distintos programas que integran VoluntarioZ, se incorporó a los objetivos de desempeño”, detalla Gallo y explica que con este cambio también se logró, por un lado, mayor eficiencia y que la temática se instale en toda la organización, y, por otro, que los mandos medios y la alta gerencia se involucre más.
La figura del SolidarioZ también surgió en 2008, y son aquellas personas que son facilitadores desde el lugar de trabajo para que el Voluntario Z llegue a su objetivo. “Son aquello que si bien no se quieren sumar a una acción concreta, sí colaboran como facilitadores. El objetivo es buscar que todos sean solidarios en el día a día porque eso tiene que ver con la cultura de Zurich”, explica Nicolás Federico, responsable de la coordinación del Programa VoluntarioZ del área de Comunicaciones Corporativas.
Asimismo aseguran que si la compañía tiene un compromiso con la sociedad donde está inserta una de las mejores maneras de asumirlo es haciendo que no sólo funcione el voluntariado, cuenta con un 18 por ciento de participación, sino que crezca en cantidad de gente, acciones, impacto, alianzas, en el grado de satisfacción de los beneficiarios, en sumar voluntades de personas que no pertenezcan a la compañía. “Medir el impacto que se genera es doblemente importante -opina Gallo-, porque, por un lado, sabes si hay que modificar o intensificar una acción, y, por el otro, el voluntario entiende que su trabajo tuvo una injerencia concreta en una persona”.
Sumar voluntades
Si bien el Grupo asegurador, que facturó $ 775 millones y emplea a 500 personas, no trabaja a partir de la presentación de proyectos formales como sí lo hace Telefónica, sí cuenta con dos programas, “CuadrillaZ”, en el cual se trabaja con la organización Un Techo para mi País en la construcción de viviendas básicas para familias en condición de extrema pobreza al mismo tiempo que se realizan mejoras edilicias en distintas instituciones con las que ya colaboran otros VoluntarioZ y “Programa D.A.R” -Dar, Acompañar, Recuperar-, iniciativa que abarca diversas acciones orientadas a la promoción humana y social de comunidades con necesidades básicas insatisfechas, a partir de los cuales sus voluntarios pueden participar proponiendo acciones puntuales.
Otro aspecto que se modificó a partir del rediseño fue la comunicación de las acciones. “La comunicación permite que el voluntariado sea visible”, opina Federico, a lo que Gallo agrega que “es lo que lleva que la marca voluntariado este en el top of mind de aquellos que después deciden otras cuestiones”. La manera de hacerlo es a través de InfoZ, cartelería, vía mails, intranet, entre otros.
En el Grupo, la filial Argentina está posicionada por su política de Voluntariado Corporativo, incluso otros países de Latinoamérica, como por ejemplo Venezuela, han adoptado el nombre VoluntarioZ.
“Siempre nos destacamos por innovar, el voluntariado de Zurich le gusta proponer más allá de lo que la organización trae (véase Abanico de acciones) asegura Gallo. Por eso, se encuentran en pleno proceso de invitar diferentes organizaciones a que expongan a los mandos medios cómo funcionan, cuáles son sus objetivos, necesidades, entre otros puntos. “La idea es agregar valor desde otro lugar, quizás la participación sea más intelectual -explica Gallo-. Lo que buscamos finalmente es que las personas mayores participen, porque si no se da esa cosa que ocurre en muchas organizaciones que el voluntariado es para los más juniors, porque tienen más tiempo; y la realidad nos demuestra que se necesita gente también para que sigua un proyecto, para que abra puertas, para que redacte, piense y colabore con el bien común”.
Por último, podemos afirmar que un programa de Voluntariado Corporativo implica una cultura empresaria innovadora, que requiere de una implementación sostenida en el tiempo, que por el beneficio y ventajas que supone para la empresa y sus empleados, las organizaciones sociales y sus comunidades es un proceso que difícilmente pueda detenerse.
Asimismo, se debe internalizar que el Voluntariado Corporativo constituye una oportunidad importantísima de diálogo entre diferentes empresarios, trabajadores, instituciones estatales y organizaciones sociales en pos de la construcción de un proyecto común que incida en la sociedad en su conjunto.
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