La evolución de la RSE marca el rumbo hacia la sustentabilidad. Alcances del concepto y su penetración en las empresas de la Argentina. El rol de los certámenes y la importancia de replicar experiencias.
Florencia Salvi*

Liderar negocios teniendo en cuenta las exigencias de un mundo global, contemplando el concepto de desarrollo sustentable, representa hoy uno de los grandes desafíos para el sector empresario.
En materia de responsabilidad social está pasando algo parecido a lo que ocurrió en su momento con el tema de la calidad: sus conceptos, ideas y valores se van incorporando a la gestión y pasan a formar parte del vocabulario habitual.
La calidad hoy es un commodity en la gestión. Todas las empresas que evolucionaron y se transformaron en empresas de alto estándar han adherido a los principios de la calidad, suele decir el especialista brasilero Homero Santos, del Instituto Ethos. Lo propio, creemos y sabemos, ocurre con la responsabilidad social empresaria (RSE) en materia de rendición de cuentas, de transparencia, de conducta ética, reducción del impacto, y también con la sustentabilidad: la contribución de la empresa a la viabilidad planetaria.
En efecto, vemos como se va incorporando culturalmente un nuevo modo de gestionar negocios, bajo la idea de que las empresas no están llamadas a generar beneficios a cualquier costo, sino a generar valor con sus desarrollos para toda la sociedad, involucrando tanto a quienes los consumen como a quienes no.
A título de devolución, la sociedad ya da signos claros en cuanto a la mejor percepción que tiene de las empresas que se ocupan de brindar una calidad de vida mejor para las personas, y de reducir los daños causados al planeta.

Eso se refleja entre los consumidores, pero también entre los inversionistas que analizan en profundidad creciente la trazabilidad de los productos y servicios que adquieren.
La RSE se ha convertido en la muestra más cabal de que podemos vivir en un contexto más amigable y que tome en cuenta a más actores. Es la relación ganar-ganar de la que hablan todos los grandes negociadores y que, para mejor, se retroalimenta rápidamente con conductas ejemplares e imitables.
En esa línea, desde 1999 la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la República Argentina (AmCham) decidió incluir en su agenda la temática de la Responsabilidad Social Empresaria -denominada por aquel entonces Ciudadanía Corporativa- a través de un premio tendiente a reconocer las acciones socialmente responsables de empresas y fundaciones empresarias que sean replicables por el resto de la comunidad de negocios.
El Premio Ciudadanía Empresaria (PCE) fue y continúa siendo un pilar fundamental de la estrategia de trabajo de la Cámara, al impulsar la interacción de las empresas con la comunidad, las alianzas y el trabajo conjunto entre diferentes actores sociales y la puesta en jerarquía de la importancia de la comunidad interna de las empresas.
A lo largo de estos once años, con más de 900 programas presentados, de los cuales más de la mitad correspondieron a organizaciones socias de AmCham, el Premio se ha ido afianzando, basando una parte importante de su éxito en la trasparencia y autonomía de los jurados convocados.
Asimismo, durante este tiempo la Ciudadanía Corporativa le dio paso a la RSE, desarrollando una cantidad de herramientas conceptuales y abriendo un espacio para el diálogo con los diferentes grupos de interés o stakeholders, así como a nuevas dimensiones hoy generalmente aceptadas en la materia: comunidad, medioambiente, proveedores, clientes y público interno.
El crecimiento del concepto mismo así como su inserción en el mundo de los negocios atravesaron la definición de sustentabilidad acuñada por Gro Harlem Brundtland en el documento Nuestro Futuro Común de 1987, y el Triple Botton Line, de John Elkington, de 1994, pasando por el surgimiento de indicadores para su reporte como el Global Reporting Initiative o de índices en las principales bolsas de valores del mundo, como el Dow Jones Sustainability.
Como parte del compromiso con las buenas prácticas y en consonancia con el desarrollo de la responsabilidad social, se incorporó el concepto de sustentabilidad y de la responsabilidad social como parte de la gestión integral de la empresa en su aspecto sistémico, teniendo en cuenta el grado de alineamiento de sus definiciones institucionales, estrategias, procesos y acciones, con el concepto de desarrollo sustentable y la forma en la cual la gestión orientada a la sustentabilidad se traduce en cada contexto de negocios.
En los últimos años, el concepto de RSE ha evolucionado y madurado, y con él la estructura del Premio de AmCham. En su décima edición (2008), el PCE incorporó dos modalidades para la participación de empresas y fundaciones empresarias: proyectos o prácticas de responsabilidad social empresaria (PRSE) en las áreas vinculadas con público interno, medioambiente, comunidad y proveedores, y gestión empresaria orientada a la sustentabilidad (GES), por la cual se reconoce el grado en el que la gestión integral de la empresa y el gobierno corporativo están alineados con el concepto de desarrollo sustentable en las dimensiones ambiental, social y económica.
Se trata, en otras palabras, de destacar las buenas prácticas y casos empresarios tendientes a la construcción de una economía que genera valor económico a la par de valor social, bajo la convicción de que es ésa la mejor vía para lograr un desarrollo armonioso, equitativo y sustentable.
* Gerente de Responsabilidad Social Empresaria de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la República Argentina (AmCham).

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