Petrobras Energía, en alianza con la Universidad Tecnológica Nacional, busca mejorar las condiciones de empleabilidad de jóvenes vulnerables en sus zonas de influencia a partir de las necesidades laborales del mercado. Esta iniciativa ya lleva 72 cursos dictados y 837 egresados.
El programa “Educar para Trabajar” que realiza la empresa Petrobras Energía junto a la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), tiene el objetivo central de vincular la educación con el mundo de la empresa y las diferentes realidades de cada zona. “Buscamos tener una mirada general de la problemática laboral y generar condiciones de empleabilidad en chicos que eventualmente puedan ser contratados por nuestras empresas contratistas”, explica Verónica Zampa, coordinadora de Responsabilidad Social Empresaria de esta compañía que ya cuenta con 72 cursos dictados y 837 egresados en el país.

Los cursos son gratuitos para mujeres y hombres de 18 a 30 años y responden a necesidades laborales de la comunidad donde se desarrollan, vinculadas con los principales activos de la empresa. “El primer paso fue buscar un socio pedagógico para que coordinara y dictara las capacitaciones, y elegimos a la UTN, principalmente, por el prestigio que posee y porque además nos permitía otorgar certificados oficiales, un punto clave para nosotros”, asegura la representante de la petrolera que emplea en el país a 4.199 personas.
Con una duración promedio de entre 120 y 160 horas para los cursos técnicos y de 20 a 40 horas para los de habilidades y con un cupo que oscila entre los 25 a 50 alumnos, dependiendo de la especialidad, las clases combinan teoría y práctica, las cuales se realizan a partir de acuerdos con empresas locales o dependencias municipales.
Lidia Neuman es la coordinadora de la UTN que abarca las zonas de Campana, Zárate y Escobar, localidades donde se dictan los talleres de Administración Básica e Informática y Procesos Industriales. “Se realizaron sondeos para saber qué era lo que la comunidad estaba demandando y a partir de esa evaluación se le presentó a la empresas las distintas alternativas”, detalla Neuman, quien además de coordinar los cursos, es la encargada de realizar el seguimiento y la evaluación de cada uno de los alumnos.
En cuanto al perfil, buscan que los jóvenes estén interesados en incorporar herramientas que mejoren sus posibilidades laborales. En cuanto al nivel de escolaridad sólo se requiere que hayan concluido el secundario en aquellas especialidades que exigen una formación previa. Asimismo, se realizan entrevistas personales en profundidad, se evalúa el nivel de vulnerabilidad en el que se encuentran, la formación previa y la zona donde residen, dado que la experiencia les indica que aquellos que viven cerca tienen mayores posibilidades de permanecer.
Que los chicos tengan la oportunidad de cursar en un ámbito académico es muy importante para Verónica Zampa, quien asegura que la UTN es un socio ideal y completo en lo que respecta a la formación técnica y específica regional.
Cuando se lanzan los cursos se realiza una campaña de comunicación en los medios locales, en la empresa y en la universidad, ya que ahí es el lugar de inscripción. “Este año hubo un 30 por ciento más de inscriptos con lo cual en algunas zonas quedaron interesados en lista de espera -explica Zampa-. Y en otras, como el caso de General San Martín, abrimos el abanico de ofertas pero siempre vinculadas a las necesidades que posee la comunidad”.


Uno de los aspectos que comenzaron a tener en cuanta fue la durabilidad de la cursada, dado que al ser muy largos el nivel de deserción aumentaba. “Se hacía muy difícil que los alumnos pudieran terminar la cursada, ya sea porque se cansaban o porque encontraban un trabajo que les impedía seguir -etalla Neuman-. Por eso se determinó que como máximo fueran cuatrimestrales y en un horario accesible para los que tienen que viajar”.
Romina Valdez tiene 23 años, vive en Campana y se enteró del curso a través del diario de la zona. “Me gusta mucho todo lo relacionado con la informática y además estoy cursando otro taller en la facultad por la mañana”, cuenta Valdez y asegura terminará de cursar a fin de año y en el 2010 se dedicará a trabajar para incorporar estas herramientas.
Otro caso es el de Victoria Vergara Medina, de 25 años, que cursa “Procesos Industriales” y a la vez estudia ingeniería en la UTN. “Como tenía disponibilidad horaria, decidí cursarla porque me parece muy importante para mi carrera cómo se plantean los contenidos y la aplicación de la teoría en petroquímica e ingeniería. Tenemos mucha práctica y este proyecto beneficia a las comunidades abocadas a industrias de la zona”, explica Medina. El caso de Alex De Olivera Rodríguez fue diferente, ya que tuvo que dejar el curso de Procesos Industriales, porque prefirió terminar con las materias del secundario y así retomar con más fuerza el año próximo.
Si bien desde su implementación, en 2005, hubo aspectos que se fueron modificando, siempre se buscó mantener que los cursos fueran gratuitos y que respondieran a necesidades laborales de la localidad donde se llevaban a cabo. “Si bien variamos las zonas, lo principal es que tengan continuidad, por eso buscamos que no traten de cubrir necesidades coyunturales, sino proyectos e iniciativas a largo plazo”, explica la coordinadora de RE de la compañía que además de financiar la cursada, dona equipamiento para poder realizar las prácticas profesionales.
En Campana y en Bahía Blanca se continuó con dos cursos mientras que en Puerto General San Martín, San Lorenzo, abrieron cinco distintos con una carga horaria menor y una mayor posibilidad de selección respecto de las prioridades de la comunidad. “A partir de ahí vamos armando una prioridad de necesidades. Incluso si existe una empresa que esté haciendo algo similar buscamos que el foco no se repita para que la oferta sea más amplia. Por eso tratamos de involucrar a la mayor cantidad de actores para determinar cuál puede ser el mejor curso que se puede implementar y qué características debe tener”, concluye Zampa.

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