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Octubre 2009
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¿Para que querríamos regular la RSE?

La RSE no puede ser pensada en términos genéricos. Cada empresa debe crear su propia estrategia social y ambiental de acuerdo con los retos estratégicos que le impone el mercado. Por esto se puede afirmar que los países que han reglamentado la elaboración de reportes sociales son prueba fehaciente de la pobreza en la calidad de de los mismos que sólo buscan cumplir con un requisito legal.

Mercedes Occhi Ducote*

Tienen la palabra

Una empresa puede considerar que conduce su negocio de manera socialmente responsable cuando, independiente de su tamaño, incluye voluntariamente la gestión de los aspectos ambientales y sociales en el giro ordinario de sus negocios y los aprovecha de modo tal que le generen rentabilidad en el largo plazo. Es socialmente responsable cuando en su estrategia de sustentabilidad (léase sobrevivir en el tiempo y ser competitiva) tiene como variables determinantes los impactos sociales y ambientales que produce y conoce los riesgos de estos aspectos. Una empresa socialmente responsable es también aquella consciente de su entorno social y de las innumerables formas que tiene de crear valor compartido con la comunidad.

Una herramienta fundamental para la gestión de la RSE y la transparencia es el reporte de sustentabilidad o de “RSE”, el cual presenta una rendición de cuentas cualitativa y cuantitativa de de su manejo responsable del negocio. Según CorporateRegister.com, existen hasta el momento en todo el mundo, 22.907 reportes publicados de 5.636 compañías. Son dos tercios de las empresas del Global FT 500, las compañías más grandes del mundo, quienes publican reportes de RSE. En el año 2008 se hay publicado unos 3100 reportes, mientras que en el año 2007 se publicaron unos 2900.Si comparamos estos datos con el año 1992 cuando solo había publicado 27 reportes en todo el mundo vemos claramente que la tendencia va en aumento. Son las compañías más grandes del mundo quienes lideran estos procesos, voluntarios en su gran mayoría: dos tercios de las empresas del Global FT 500 publican reportes de RSE.1

Junto con esta evolución de la RSE, han ido surgiendo en los últimos años, una variedad de intentos legislativos que buscan darle una marco jurídico a los temas relacionados con la conducta responsable de las empresas y las organizaciones. Frente a este panorama nace un interrogante, motivo de grandes debate y reflexión: ¿Se puede reglamentar el comportamiento responsable de las empresas?, ¿La RSE debiera tener carácter obligatorio o voluntario?

En los últimos tiempos, dentro del ámbito internacional y especialmente en la Unión Europea, se ha reforzado la obligatoriedad de la realización de reportes de sustentabilidad. Tal es el caso del Reino Unido quien, en el marco de la Ley de Compañías de 2006, ha establecido que las empresas que cotizan en el London Stock Exchange, deben reportar cuestiones no financieras relacionadas a su negocio en sus reportes anuales. Lo mismo con Francia, donde desde 1977, las compañías con más de 300 empleados deben realizar un informe con 134 indicadores laborales y en 2001, con la nueva Ley de Regulaciones Económicas, las empresas que cotizan en bolsa debieron comenzar a publicar 40 criterios sociales y ambientales en sus reportes anuales.

Mercedes Occhi
“Debemos entender el verdadero sentido de un reporte de sustentabilidad o de RSE como el reflejo de madurez alcanzado por la sociedad que permite evaluar el desempeño social de las empresas libremente asumido. De esta forma comprenderemos que una intervención que suponga mayores regulaciones no es el camino indicado.”

Los países que han reglamentado la elaboración de reportes sociales son prueba fehaciente de la pobreza en la calidad de estos informes, los cuales únicamente se limitan a cumplir con un requisito legal y lejos están de reflejar un aprendizaje o compromiso asumido por parte de la empresa. Y este gran debate lo tuvieron los españoles no hace mucho tiempo, que llevo a la publicación del Libro Blanco de la RSE y otras tantas conclusiones.

En Argentina, existen diversas intenciones y avances legislativos que buscan regular estos temas pero todavía ninguno de ellos que efectivamente haya entrado en vigencia por la falta de reglamentación. En estos días, representantes de empresas, organizaciones no gubernamentales y funcionarios porteños, buscan avanzar en la búsqueda de consensos a efectos de modificar la actual Ley 2.594/07 de Balance de Responsabilidad Social y Ambiental.El principal foco de discusión gira en torno a la obligatoriedad que establece la ley aún no reglamentada -para las empresas con más de 300 empleados- de presentar anualmente un balance de responsabilidad social y ambiental.

Las compañías son concientes de que, al integrar la RSE dentro de su estrategia empresarial, están invirtiendo en la sustentabilidad y competitividad del negocio. A su vez, al asumir compromisos que van más allá de las obligaciones reglamentarias y convencionales, hacen un aporte al desarrollo social y al cuidado ecológico, conciliando intereses de diversos agentes en un enfoque global de calidad y rentabilidad. Por lo tanto, nos referimos a un modelo de gestión, y como tal, resultaría absurdo tratar de reglamentarlo. Lo que sí tiene sentido es plantear normas vinculadas la amplia gama de aspectos que forman parte de la RSE o la afectan, pero no de la RSE en sí misma.

Debemos entender el verdadero sentido de un reporte de sustentabilidad o de RSE como el reflejo de madurez alcanzado por la sociedad que permite evaluar el desempeño social de las empresas libremente asumido. De esta forma comprenderemos que una intervención que suponga mayores regulaciones no es el camino indicado.

Será necesario impulsar políticas públicas que incluyan aspectos de RSE y que trabajen sobre los distintos grupos de interés. Los gobiernos cuentan con valiosos instrumentos que nada tienen que ver con el afán regulador, sino con palabras como impulso, facilitación, incentivo, promoción. Favorecer en las licitaciones del sector público a aquellas compañías que demuestren adhesión a los principios de la RSE, o agilizar el crédito para el financiamiento de emprendimientos relacionados a la RSE, o trabajar en políticas de modernización de las relaciones laborales, acompañar a las pequeñas y medianas empresas para que sean más competitivas y sostenibles, son algunos ejemplos las acciones que se pueden promover desde el Estado.

Según Porter y Kramer la Responsabilidad Social Empresarial no puede ser pensada en términos genéricos. Cada empresa debe crear su propia estrategia social y ambiental de acuerdo con los retos estratégicos que le impone el mercado. Dicho esto, la decisión voluntaria de ser socialmente responsable depende de la presión de sus grupos de interés. Los consumidores, los medios, los clientes, los accionistas, entre otros, exigen a las empresas hacer su negocio sin comprometer su entorno. De ignorar estas demandas las compañías pondrían en riesgo su sostenibilidad.

Por eso, hay que hacer énfasis en la capacidad de las empresas para ejercer una autorregulación practicada de forma responsable y voluntaria. Y esto es un proceso progresivo y de mejora continua en donde nada ayudaría una legislación que imponga obligatoriedad -además, ¿cómo suponen regular algo tan macro?-. Es importante aprender a integrar transversalmente la RSE en todos los aspectos del negocio, para que la empresa se involucre con empeño y esfuerzo en los avances de las acciones vinculadas a esta materia. Sólo de esta forma la compañía asumirá un rol comprometido y protagónico que le permitirá lograr mejoras en el propio desempeño, impactando positivamente en el desarrollo social.

1 Fuente: Corporate Register.com y Global Winners & Reporting Trends. Marzo de 2009.

* Mercedes Occhi Ducote es Directora Ejecutiva de ReporteSocial.com

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