La crisis echó por tierra las presunciones sobre la sustentabilidad. Un escenario inimaginable hace doce meses atrás. Ante esta nueva realidad, ¿cuál es el próximo desafío ineludible que hay que asumir para lograr una estrategia de RE creíble? ¿Cuál será el rol del área de Finanzas en este nuevo paradigma?
Florencia Lafuente*

Hay debates agotados y debates que agotan. La sustentabilidad se alista en ambas categorías. Evitaremos preguntarnos si las empresas y las personas deben ser “responsables” a la hora de tomar decisiones, si la responsabilidad trae frutos; la respuesta es tan obvia que mejor dejarla para la discusión metafísica.
El debate ardió hasta consumirse. La crisis económica y financiera global no hizo más que poner de relieve una pregunta importante y urgente acerca del funcionamiento del capitalismo, pregunta cuya respuesta está en caldo del debate sobre la sustentabilidad. El paradigma económico cambió hace un tiempo.
Lo que pasó simplemente puso en evidencia, de una manera brutal, la cadena de irresponsabilidades -de los bancos, los mercados, las empresas, los ejecutivos, los estados y los consumidores- que precipitó el final, y la falta de voluntad del poder económico, político y social por vertebrar un sistema más justo.

Restaurar la confianza en los mercados y recuperar la integridad financiera no tiene sentido si detrás no hay un replanteo estructural sobre cuál es el fin de los negocios y qué significan la integridad y la salud financiera. ¿El objetivo de los negocios es generar riqueza económica? Por supuesto. Pero no es el único. A eso apunta el nuevo paradigma. También están los de generar riqueza social y pública. Y no por razones altruistas; simplemente porque no hacerlo va contra los propios intereses de subsistencia de las empresas en el largo plazo. Las consecuencias están a la vista. Y falta aún nombrar al cómplice de este sistema perverso que pocas veces es mencionado: el consumidor. ¿Es viable, es ético, es honesto seguir depredando, saqueando el planeta? Todas preguntas con respuestas obvias.
La noticia de hoy es que murió un estilo de hacer RE y, con él, probablemente, la figura corporativa que lo encarnaba. Está claro que llevar adelante la estrategia de sustentabilidad no es, y nunca lo fue, el rol del departamento de Prensa ni del de Relaciones Públicas.
El gerente de RE nunca llegó a corporizarse. Quizá no sea necesario crear una función per se para gestionarla. Algo es seguro: para que la estrategia de sustentabilidad empresaria sea creíble, hay que abandonar los informes “sueltos” o filantrópicos e integrar los indicadores y estándares sostenibles a los informes financieros tradicionales. Esa es tarea del gerente financiero y del CEO. Esta tendencia debería impulsar otros cambios corporativos. Por empezar, en el área de IT: hacen falta sistemas automatizados de gestión -nuevo software- para administrar los indicadores de sustentabilidad.
Las empresas tienen que empezar a invertir en la gestión de la información en este terreno. Frente a este cambio de escenario, una cosa es cierta. El rol del gerente de Finanzas no será el mismo. Pero tampoco el del resto de las funciones corporativas. Es probable que lo más acertado sea formar un grupo interdisciplinario, liderado por la función financiera, que reporte al CEO sobre la salud de la estrategia de sustentabilidad, cuyos síntomas mostrarán, como siempre, los números. Esa será la prueba de que vamos por el camino correcto.
*Ex directora Editorial de la revista Valor Sostenible

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