A través del programa Casas por + energía Edenor desarrolló dos prototipos de viviendas energéticamente eficientes. Invirtió $ 400.000 en su ejecución y demostró, a un año de su implementación, que sus habitantes lograron reducir en un 30 por ciento su consumo eléctrico. La secretaría de Energía de la Nación evalúa replicar el diseño presentado en los planes de viviendas que desarrolla el Estado a nivel nacional.
“Siempre trabajé para tener un techo propio porque vengo de una familia donde lo más importante es tener tu casa. Sin embargo, la realidad hizo que fuera imposible, por eso cuando Edenor me entregó las llaves de una de las viviendas que construyó toqué el cielo con las manos”, cuenta emocionada desde la construcción de paredes amarillas Alejandra Ruiz, miembro de una de las dos familias que recibieron los prototipos que desarrollo Edenor S.A. dentro de su proyecto “Casas por + energía”.
Uno de los pilares en los cuales se basa la política de Responsabilidad Empresaria (RE) de esta compañía, que cuenta con más de 2.2 millones de clientes, es el uso racional y eficiente de la energía eléctrica. Dentro de este marco, y dado el número de viviendas que se construyen a través de planes sociales en el conurbano bonaerense, Edenor propone incorporar determinadas características constructivas y tecnológicas que buscan reducir el consumo eléctrico al mismo tiempo que el modelo creado puede replicarse a nivel nacional.

“A un año de estar viviendo las familias en estas casas podemos afirmar categóricamente que los clientes pagan un 30 por ciento menos de electricidad. Incluso la secretaría de Energía de la Nación está evaluando los resultados y puede llegar a tener un efecto multiplicador en la construcción de viviendas sociales”, asegura Alberto Lippi, vocero de la mayor distribuidora eléctrica argentina que invirtió en este proyecto $ 400.000 y que ganó $ 46 millones en los primeros nueve meses de 2008, frente a los $ 70 millones obtenidos en el mismo lapso durante 2007.
Uno de los desafíos más difíciles de lograr fue superar la desconfianza que había en la gente del barrio “No creían lo que estábamos diciendo. Además nos veían como los que vienen a “desenganchar”. Por eso el papel del municipio fue central, para romper esa barrera que nos permitió entrar en las casas y en la vida de la gente”, reconoce el representante de esta empresa controlada por el conglomerado energético Pampa Energía.
Un complejo de 40 viviendas enmarcadas entre el Camino del Buen Aire y la autopista del Oeste, en la localidad de Moreno, fue el lugar elegido para llevar a la práctica este trabajo que ya contaba con dos años de desarrollo. “Hubo un trabajo en equipo desde el comienzo. Por un lado el municipio cedió los terrenos a la empresa y aporto profesionales y por el otro, Edenor trajo la idea original, financió la totalidad de los trabajos y realizó un seguimiento diario del proyecto”, asegura Karina Rodriguez, arquitecta del Instituto de Desarrollo Urbano, Ambiental y Regional (Induar), organismo dependiente de la municipalidad de Moreno vinculado al programa.
A partir de ahí, el plan de acción se dividió en tres áreas: por un lado la construcción de los dos prototipos, la refacción de ocho viviendas que se encontraban muy deterioradas y el equipamiento con aparatos de bajo consumo a las 30 restantes. Por otro lado, se realizó un relevamiento social del barrio para conocer la realidad de cada familia y se realizaron talleres de capacitación sobre el uso responsable de la electricidad.
“Lo novedoso fue el material que se empleo en la construcción -detalla Lippi-. Básicamente a través de un proceso de compresión, la adherencia de polietileno, acero y concreto forman los paneles que tienen continuidad estructural. Estos elementos al ser aislantes logran que la temperatura en invierno se mantenga en el interior mientras que en verano no dejan pasar el calor”. Según explica el representante de la empresa, para garantizar el objetivo a gran escala, el diseño arquitectónico se ajustó a los lineamientos generales de los planes de viviendas sociales que ejecuta el Estado, en términos de costo y superficie.
Asimismo, las viviendas fueron equipadas con un kit de tecnologías alternativas para la eficiencia energética, el mismo que se piensa instalar en los restantes 38 hogares. “No tenemos calefón sino un colector solar que calienta el agua que después va a parar al tanque térmico que está en el techo”, explica Ruiz al mismo tiempo que abre la canilla correspondiente para demostrar que sus dichos son ciertos. También se instalaron cocinas económicas que al estar selladas no producen contaminación, dado que funcionan a partir de leña y otros desperdicios, y permiten calentar el hogar y el agua en días nublados. Y por último, se compraron heladeras clase A -consumen un 20 por ciento menos de energía que las clase B- y se colocaron lámparas de bajo consumo.
La selección de las dos familias fue un proceso que comenzó con un censo de todo el barrio. A partir de esta primera imagen, y de manera consensuada con los habitantes, se establecieron criterios de selección -cantidad de miembros, ingresos, uso exclusivo de la vivienda para uso residencial, compromiso con el cuidado de sus casas, el barrio y los espacios públicos y solidaridad con el resto de los habitantes -a los cuales se les atribuyó un puntaje. Posteriormente representantes de la empresa realizaron entrevistas en profundidad, asignaron las calificaciones a cada categoría y seleccionó a las familias elegidas. “Lo importante del trabajo fue que todo estuvo consensuado en reuniones comunitarias que se realizaron desde el comienzo”, asegura Lippi y Ruiz coincide con él “Este programa no sólo permitió que mejoraran nuestras condiciones de vida, sino que también nos enseñó a trabajar en equipo, a ponernos metas como barrio y generar los medios para cumplirlas”.

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