Bodega Colomé, la más antigua de Argentina y poseedora de los viñedos más altos del mundo, invirtió U$ 22 millones en su remodelación y la construcción del pueblo según las necesidades de sus habitantes.
Pocos lugares en el mundo mantienen intacta su belleza natural. Así describen el lugar donde está ubicada la Bodega y Estancia Colomé, que data de 1831, la más antigua de Argentina. Donald Hess (72), su dueño y presidente desde junio de 2001, llegó desde Suiza, movilizado por sus dos pasiones: el vino y el arte. Y sumó a Colomé a sus bodegas repartidas por Sudáfrica, Australia y California.
Con una inversión total de U$ 22 millones, ampliaron y remodelaron la estancia y la bodega de los viñedos más altos del mundo (3002 msnm), crearon un exclusivo hotel boutique con 9 habitaciones de lujo, un centro comunitario, una iglesia a pedido del pueblo, una represa con hidroturbina y una escuela, próxima a inaugurarse para el comienzo del nuevo ciclo lectivo.

“Donald no quiso imponer su cultura ni costumbres, sino trabajar con la gente y construir el pueblo que ellos querían, -explica Félix Schweiser, responsable de Marketing de Bodega Colomé-, y de darle opciones a la gente para que elija hacer lo que le gusta”. Schweiser llegó de Suiza con deseos de vivir en Argentina, por eso hace 18 meses que se radicó en este pueblo de tan sólo 435 habitantes, de casas de adobe repartidas alrededor de la bodega y con dos canchas de fútbol, en las alturas de la provincia de Salta.
Bodega Colomé produce 750.000 botellas al año de vinos de alta gama, dirigidos a un público de alto poder adquisitivo -desde U$35 la botella- y aumentan anualmente su producción en un 20 por ciento. La Argentina es el mercado más importante que tienen y del que exportan un 60 por ciento del total del total producido.
En un principio eran veinte las personas que trabajaban en la estancia, hoy ya suman casi cien y tratan que al menos un integrante de las 53 familias que viven en el pueblo trabaje con ellos para que todos puedan beneficiarse.
Capacitar y educar a la gente del lugar son los pilares para quienes integran Bodega Colomé. Durante la jornada de trabajo, se dictan clases de inglés para los empleados del hotel, dos horas semanales y por niveles.
Las habitaciones tienen un costo de U$ 300 la noche y trabajan 35 personas, en su gran mayoría residentes de Colomé, que recibieron capacitación para ocupar puestos jerárquicos. Walter Ramón González (32), es una de las 35 personas que trabaja para el matrimonio Hess. Nacido en Colomé, nunca imaginó que sería el chef de un hotel de lujo, con seis personas a su cargo, cuando cocinaba para los chicos de la escuelita. “Empecé a trabajar en la construcción de la estancia y después en los viñedos. Luego pasé a la cocina como ayudante y fui aprendiendo de los demás”, relata Walter, que ya tiene cuatro hijas y le costó un poco adecuarse a los horarios de un trabajo con tanta responsabilidad.
Todos fueron capacitados por Úrsula, esposa de Donald, que durante los primeros 5 años invirtió en la capacitación de su gente y fue como “el alma de Colomé”. Hoy también los mecánicos que operan la primera represa con hidroturbinas, que construyó la bodega y suministra el 80 por ciento de la electricidad del pueblo, fueron formados en la empresa.
“Cuando Donald llegó al lugar, reunió a todo el pueblo para conocer sus necesidades y así decidieron construir una iglesia para no tener que caminar 18 km hasta Molinos, el pueblo más cercano”, relata Schweiser, para quien la RE es algo tan simple como dar la oportunidad de elegir, incentivar y hacer algo juntos.

Como la educación es un punto fundamental para la filial de la bodega suiza, también se construyó, con la colaboración de toda la sociedad, una escuela para que los 134 alumnos, que hoy están repartidos en dos aulas, puedan contar con instalaciones acordes a sus necesidades a la hora de aprender. Las ganas de ayudar llevaron a que un grupo de doce alumnos presentara un video de la canción “Love is in the air”en un concurso de karaoke en Suiza. Si bien no ganaron, obtuvieron el octavo puesto entre los 1.500 que se presentaron (el video se puede ver en el siguiente link).
En cuanto a instalaciones sanitarias la realidad no era muy distinta y sólo contaba con un puesto para casos de primeros auxilios. Por este motivo, lograron que la intendencia de Molinos les cediera una ambulancia fija en Colomé a cambio de que la empresa se hiciera cargo de sus gastos y reparaciones.
No robar ni mentir, son dos reglas importantes entre los habitantes de Colomé, y desde la Bodega, están dispuestos a facilitarle las cosas cuando necesitan ayuda. Cada mañana, a las 7, Donald se reúne con todo el personal para charlar sobre los acontecimientos de la empresa y si tienen algún problema, tratar de solucionarlo. Después, comienza la práctica de su deporte preferido, el boxeo.
Como la otra pasión de Donald Hess es el arte, al lado de la bodega está construyendo un museo: el primero de arte contemporáneo dedicado a un sólo artista, el norteamericano James Turrell, que realiza una mezcla entre arquitectura y luz solar y artificial, jugando con la percepción de las personas. Serán nueve instalaciones de luz y la exhibición más grande del mundo.
Pero no todo es simple y fácil en este pueblo. Un proyecto que les está costando llevar a cabo es el de la renovación de las casas. Todos los habitantes de Colomé deben refaccionar sus casas primero y después continuar con la de cada habitante. La Bodega pone el material y ellos trabajan en equipo en cada casa. “Cuando terminan con la suya, se hace difícil que continúen con la del vecino”, comenta Félix.
Para seguir la tradición y mantener una filosofía semejante a la del lugar, en Bodega Colomé practican la biodinámica, una forma de agricultura natural, basada en los principios del filósofo Rudolph Steiner, donde no utilizan fertilizante, ni contaminan la tierra y trabajan con las fases de la luna para cosechar. Es una actividad integradora que implica altos costos para las bodegas por la mano de obra involucrada y el costo de algunos preparados biodinámicos. Producen 1.200 toneladas de abono natural para mejorar el estado orgánico de la tierra, a la que respetan y adoran como la Pachamama. Además, tienen cría de animales y los establos están diseñados para satisfacer las necesidades de los animales y su cuidado pacífico, usando en la medida de lo posible medicamentos naturales y homeopáticos.
Aunque se avecinan tiempos de crisis, planean crear una fundación, separada de la empresa, primero en Suiza y luego en Colomé, donde el eje central sea la educación y, a largo plazo, poder extenderse en toda la región. “La crisis no va a afectar nuestra voluntad de hacer ni el tiempo y el esfuerzo que invertimos para lograr algo lindo y mejor”, sentencia Schweiser, remarcando la importancia que tiene la RE para ellos, aunque reconoce no estar convencido de comunicarla proactivamente para que no se confunda con acciones marketineras.

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