Mariana Cortés, creadora de la marca de indumentaria Juana de Arco, desarrolló Proyecto Nido a partir del cual capacitó y dió oportunidades a mujeres desempleadas. Hoy, no sólo son sustentables sino que sus creaciones se venden en Tokio, Nueva York y Santiago de Chile.
Si hay un sector que tuvo protagonismo mediático en el último tiempo, ése fue el textil. Por un lado por el crecimiento de la actividad, por otro, por las malas condiciones laborales. A partir de la caída de la convertibilidad, de acuerdo con datos publicados por Fundación Pro Tejer, en 2005 unas mil empresas de la industria textil e indumentaria invirtieron una cifra superior a los $ 550 millones, un 13,3 por ciento más que el año anterior. Asimismo, durante los últimos años se incorporaron unas 600 firmas al proceso de inversión productiva sectorial y se recuperaron 200 mil puestos de trabajo de los 300 mil perdidos en la década del '90.
Sin embargo, existe una contracara de esta favorable perspectiva y tiene que ver precisamente con el tema del empleo. Las denuncias sobre talleres que emplean mano de obra en condiciones próximas a la esclavitud pusieron el tema al rojo vivo. Si bien el sector repudió el trabajo esclavo, algo quedó expuesto a la luz: los datos sobre empleo, restringidos a los trabajadores en blanco, no dan cuenta de la inmensa población que trabaja de manera informal en pequeños talleres o a domicilio.

Este tramado que involucra a tantos y tan diferentes protagonistas, también incluye a la camada de jóvenes diseñadores textiles formados durante la última década. De este sector están surgiendo algunas de las propuestas más innovadoras. Tal es el caso de una iniciativa social que, uniendo, anudando, atando, nada más ni nada menos que pedacitos de trapos con los que producen alfombras, juguetes, bijouterie y todo tipo de accesorios para el hogar, da una posibilidad a mujeres desocupadas. Hablamos del Proyecto Nido, emprendimiento que nace puertas adentro de la etiqueta Juana de Arco. Más precisamente en el taller capitaneado por su creadora, la diseñadora Mariana Cortés, quien le dio vida post crisis 2001.
“En plena crisis, tenía todo hecho, no estaba vendiendo, tampoco tenía plata como para ir a comprar más telas, entonces empezamos a incursionar con eso que sobraba -recuerda hoy Mariana Cortés- y comencé a atar de a tres trapos de diez por diez”. La técnica aprendida en Brasil fue incorporada rápidamente por Carina Benítez, la persona que la ayudaba en la limpieza de su local y hoy es la coordinadora de todo el proyecto.

Por aquellos días el esposo de Carina era un desempleado más y la realidad del resto de su familia no era muy distinta. Hoy 12 personas, todas de Florencio Varela, trabajan desde su casa en Proyecto Nido. Por mes, cada uno tiene un ingreso que ronda los $ 1.000, de acuerdo a la época del año ya que participan de las ganancias que generan. “Comencé a enseñarles esta técnica que lo único que requiere es trabajo manual del material de descarte y cero tecnología. Se le comenzó a dar forma y en 2002 lo empezaron a vender”, detalla la fundadora.
Además les explicó cómo se podían combinar los colores y las distintas texturas y les proporcionó los primeros diseños.
“Ahora trabajamos en conjunto. Nosotros aportamos diseños que se nos ocurren y combinaciones de colores que sorprenden a la misma Mariana”, se jacta Carina y agrega que “la vida me cambió, no sólo a mi sino a todo mi círculo, no sólo trabajamos sino que sentimos que tenemos una oportunidad de crecer personal y profesionalmente”, detalla quien ahora también capacita y supervisa a las personas que se suman a Nido.
Si bien en un momento Mariana Cortés compró toda la producción, el objetivo principal era que fueran sustentables. La alianza con Guilford, compañía textil proveedora de Juana de Arco, que les donó géneros, y EASY les permitió tomar vuelo propio, incluso durante la onceaba edición del Fashion Buenos Aires se presentó la colección de delantales Paraísos, diseñados por Juana de Arco y comercializados por la cadena de hipermercados.
De todos modos Mariana es consciente de la distancia que existe entre el gran mercado y el producto único que generan desde este espacio. “Trabajando de una manera casi artesanal no se puede llegar a lo masivo”, opina y sentencia, “tampoco es lo que queremos”.

Sin embargo, producción en baja escala no es sinónimo de estrechez de horizonte. En este momento, Juana de Arco, junto al Proyecto Nido, está vendiendo sus productos en locales de Tokio, Nueva York y Santiago de Chile. Incluso con Japón tiene un acuerdo de intercambio y la representante de la casa de ropa allá, Yumiko Takemoto”, enseña la técnica Nido en la Escuela de Joyería de Tokio. “Cuando ellos te compran, captan la ideología en su totalidad. Son consumidores más responsables que tienen en cuenta el origen del producto, el tema del comercio justo y los cuidados medioambientales que se tomaron al realizarlo”, asegura Mariana. “El consumidor local es más superficial. El único parámetro que utiliza al comprar es si le gusta o no. No piensa en el tipo de proceso que se realizó para su confección”.
Las ventas al exterior son un inestimable aporte a la continuidad del proyecto. Que tiene además un costado ligado a la creatividad artística. Desde sus comienzos, el local de indumentaria fue un espacio de venta de ropa y galería de arte. Hoy, muchos de sus artistas utilizan material Nido como materia prima de sus obras.
“Lo que me gusta del trabajo que hacemos es que es compartido, solidario. Es un camino que recorremos juntas. Por eso es maravilloso ver como personas que nuca estudiaron color, diseño y formas, logran semejantes cosas. Por eso nuestro principal valor son los valores humanos”, asegura Mariana. Y no deja de recordar el sentido último de la palabra nido: protección, calor, apuesta a futuro.

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