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Mucho más que Media Pila!

La Fundación Mediapila creó un microemprendimiento para personas carenciadas. Capacitó a 30 mujeres y creo cinco talleres que producen 1.500 remeras por mes.

José María Sarasola y Joaquín Driollet son jóvenes que quieren vivir en un país mejor y se esfuerzan para lograrlo.

Media Pila

En 2004, José María regresó a la Argentina tras 6 años de haber vivido en Australia y quedó sorprendido por la realidad social y económica que se vivía. “Me impresionó mucho ver al país tan caído, gente en las esquinas revolviendo basura, chiquitos pidiendo una monedita", cuenta. Fue así como convocó a sus amigos a una reunión, a la que asistieron más de 40 jóvenes, en la cual se resolvió que querían empezar con un emprendimiento productivo.

El objetivo era crear un producto de consumo masivo de buena calidad y enteramente fabricado por personas indigentes y sin recursos, y que la gente no lo comprara por caridad sino por conveniencia propia. Se decidió que harían remeras y surgieron con la idea revolucionaria de poner de moda la solidaridad y lograr que cada argentino se pusiera "media pila" por su país. Con una inversión inicial de $ 14.000 se compraron las primeras máquinas de coser industriales, telas y se generaron los canales de promoción y venta del producto.

Juan Carr, de Red Solidaria, los contactó con el comedor Niño Jesús, en Chacarita y decidieron seleccionar a algunas de las mujeres que asistían al comedor para que participaran de este proyecto.

Aunque sacar a la gente de la calle y darle trabajo sea mucho más difícil de lo que pensaron, José asegura que se puede. “Una de las señoras que llamamos “la abuela”, de 66 años, nunca pensó que podía empezar a trabajar a esta edad”. Ella es Elda Morena, quien tiene siete hijos y 29 nietos. Junto a su hija Rosa trabaja desde hace cuatro años en el taller del barrio porteño de Derqui. “Yo acompañaba a mi marido a cartonear y buscaba comida en el comedor Niño Jesús donde conocí a los chicos de Mediapila. Ellos me enseñaron a usar las máquinas industriales y a cumplir el sueño de poder regalarle algún juguete a mis nietos”, comenta orgullosa quien recibió una capacitación durante un mes en el oficio de la costura.

Desempeño bien retribuido

Si al cabo del periodo de capacitación demuestran iniciativa para aprender, ganas de trabajar y progresar se procede a la siguiente fase en la cual se instalan cuatro máquinas de coser industriales en el barrio donde residen. Las beneficiarias no compran las máquinas, pero se comprometen a comprar con el fruto de su trabajo otras máquinas a los 3 años y apadrinar otro taller en un barrio carenciado. De esta manera se pone en marcha una verdadera cadena de favores. “Capacitar a un grupo de cuatro madres y montar un taller cuesta alrededor de $ 35.000 -detalla Sarasola-, y sólo con ese monto inicial se desata un proceso multiplicador que saca a la gente de la indigencia fomentando la cultura del trabajo.

Media Pila

Ya capacitaron a 30 señoras, repartidas entre los 5 talleres ubicados en Chacarita, Gral. Pacheco, Almirante Brown, Derqui y Tigre. El horario de trabajo es desde las 8 de la mañana hasta las 17. Producen 1.300 remeras por mes y cobran un sueldo cercano a los $ 950 según la antigüedad. 

"Nos pareció una buena estrategia empezar a difundir nuestro trabajo en universidades y conseguimos 800 vendedores voluntarios que las venden entre sus conocidos", expresa José María. Así lograron concientizar a muchos jóvenes sobre de la importancia de colaborar con proyectos de promoción social.

Con total éxito lanzaron la Cadena Media Pila, por cual difunden su trabajo en parroquias y universidades. Esto les permitió sumar a 800 vendedores voluntarios que venden las remeras entre sus conocidos a $ 30 cada una.

José María Sarasola está orgulloso del trabajo realizado. Según explica lo innovador del modelo radica en crear una marca -Mediapila- que pueda, por un lado, comercializar los productos y  absorber la ineficiencia productiva hasta que el taller se torne eficiente, y por otro, utilizar su exposición mediática para vincular los talleres con nuevos clientes para que logren independizarse y continuar con el efecto multiplicador de inserción laboral para las personas carenciadas. “La mayoría de los microemprendimientos no logran vender sus productos y caen. A eso se le suma la falta de eficacia productiva que no les permite tener competitividad en los precios, excluyéndose así del mercado. El caso de Mediapila es totalmente lo opuesto”, asegura categórico.

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